domingo, 15 de febrero de 2015

Hacen campaña para evitar más desapariciones de mujeres

Luis Torres/El Diario |

Luz del Carmen Sosa
El Diario | Sábado 14 Febrero 2015 | 13:06 hrs
Jade y su hermano menor regresaron a Juárez a realizar una campaña preventiva para evitar que más mujeres sean desaparecidas y asesinadas en Juárez.

Hoy 14 de febrero se cumplen 14 años de la desaparición de Alejandra García Andrade, quien tenía 17 cuando fue privada de la libertad y después de la vida.

Sus hijos acudieron a la zona Centro, donde muchas otras mujeres han desaparecido y están entregando paletas de caramelo con el retrato de su madre y un mensaje preventivo dirigido a jóvenes como ellos para que aprendan a reducir riesgos.

Cerca de los adolescentes se encuentra Norma Andrade, su abuela materna, quien dijo que sus nietos han tenido una vida difícil ante la ausencia de su madre, sin embargo, la familia no dejará de exigir justicia.

Vivir el luto entre corazones rojos

15 febrero, 2015 | 5:00 am 
Luis Chaparro | NorteDigital 
Norma Andrade perdió a su hija un 14 de febrero de hace 14 años; su lucha contra la impunidad no ha cesado
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Fuente: Héctor Dayer
A Norma Andrade le gusta pensarse como una mujer con carácter fuerte. Mira a los ojos, pronuncia cada palabra recio. Pero luego agacha la mirada y acepta: “todo esto me ha hecho una mujer vulnerable, algo que antes no era”.
A Norma le mataron a su hija un 14 de febrero de hace 14 años. Ella se llamaba Lilia Alejandra, tenía 17 años y cruzaba por dos transitadas avenidas cuando fue raptada. Una semana después apareció su cuerpo sin vida, con huellas de tortura, en un lote baldío.
Hoy su madre ha hecho paletas de dulce con una leyenda al reverso de la etiqueta donde da indicaciones a las jóvenes de Ciudad Juárez de cómo evitar sufrir el destino de su hija.
Frente a la Catedral de Ciudad Juárez, atravesando una barrera de puestos con globos, peluches, flores y dulces, todo en forma de corazones rojos, Norma cuelga una manta con el rostro de su hija enmarcada en un corazón. Debajo del rostro de la joven está su nombre junto a la fecha en que desapareció.
“Para mí cada 14 de febrero es un día de luto porque ese día llegó el dolor a mi casa”, dice Norma, apretando los labios, guardándose las lágrimas. “Aprendí que el Día del Amor y la Amistad debería de ser todos los días, decirle a tus hijos, a tu familia, que los quieres mucho”, reflexiona.
Para el año en que Lilia Alejandra fue raptada, las autoridades de Ciudad Juárez tenían ya 8 años de “experiencia” en el tema de desaparición de mujeres. Sin embargo, según consta en la carpeta de investigación, no se inició una búsqueda inmediata de la menor, no se activó ningún protocolo para el 15 de febrero, cuando su madre denunció la desaparición.
Lilia Alejandra era empleada de maquiladora, era delgada, de cabello negro y tenía dos hijos. Fue secuestrada sobre la avenida Ejército Nacional y la Carretera Panamericana. Sobre ese cruce de avenidas se le vio con vida por última vez. El 21 de febrero, una semana después, alguien encontró su cuerpo sobre un terreno vacío. Estaba desnuda de la cintura hacia abajo y tenía moretones y heridas por todo el cuerpo. La carpeta dice que tenía 24 horas de haber sido asesinada. Frente al lugar donde encontraron su cuerpo estaba un pequeño centro comercial llamado Saint Valentin.
Esa es la historia que lleva sobre su espalda la que le agacha la mirada. Y es esa la historia que no quiere que se repita, por eso ha viajado hoy desde la Ciudad de México, donde tiene un exilio forzado luego de recibir amenazas de muerte y dos atentados, uno de ellos fue una bala a 10 centímetros del corazón.
“Hay generaciones como mi hija (su nieta, hija de Lilia) que no saben lo que está pasando porque no lo han vivido. El Gobierno hace campañas pero nunca funcionan porque no están en la comunidad”, explica Norma, mientras ata una orilla de la manta con el rostro de Lilia sobre el quiosco de la Plaza de Armas.
Pero su hija adoptiva, Jade, ha vivido la historia en carne propia, a través de su madre desaparecida casi a su edad. Ella y Kaleb, el otro nieto de Norma, luchan brazo a brazo junto a la activista, creando conciencia, precaviendo al resto de las niñas en México.
Y es que Norma está segura que seguirá ocurriendo, “lo que las está desapareciendo es la impunidad. Mientras la mujer se siga viendo como un objeto, como algo que puedes desechar sin consecuencias, las desapariciones van a seguir sucediendo”.
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Un país a migajas
La activista chihuahuense siente empatía por los 43 jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa, Guerrero. Ella misma es normalista y también, aunque por poco tiempo, su hija desapareció. Al pedir justicia también recibió amenazas. Ahora lleva un séquito de mujeres encubiertas que la cuidan a donde se mueva.
“Este país se está desmoronando, se está cayendo a pedazos como migajas. Yo lo que veo es que nosotros, todo el pueblo, somos como un corcho sobre el agua, estamos ahí nomás flotando a la deriva, sobreviviendo”, cuenta Norma.
Dice que lo único que ha cambiado para ella y sus nietos es la libertad, que ahora ya no la tienen.
“Para mis hijos es muy difícil vivir así. Están en plena adolescencia y quieren salir, quieren tener una vida normal, pero no pueden porque para todo tenemos protocolos”, se queja.
Eso fue lo que le pudo ofrecer el Estado. En 2010, la Fiscalía de Chihuahua le avisó de haber identificado a uno de los presuntos homicidas de Lilia mediante un banco de datos de ADN, pero hasta ahora no han podido rastrearlo. Saben quién es, pero no saben dónde está.
“Eso no nos resuelve nada, ni el exilio ni los guardias, uno no se puede sentir seguro ya en ningún momento, y ese hombre que tienen identificado sigue libre por ahí”, dice.
Pero mientras el país se cae a migajas, Norma se prepara para entregar las paletas que ha traído. Tienen forma de corazón rojo y llevan el nombre de su hija asesinada.
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viernes, 13 de febrero de 2015

Zapatos Rojos: 14 de febrero, Plazuela de Novolato


Sábado en la plazuela de Navolato! por ahí estaremos , Alto a la violencia contra las mujeres, Que no se sigan haciendo sordos y ciegos los gobiernos patriarcales y machistas, una mujer fue arrastrada en esta plazuela por su esposo y esta libre, urgen leyes que sancionen estas atrocidades!

Estas en Mazatlán y quieres donar Zapatos? los llevo en tu representación:

Están tod@s invitad@s, pongamos un ALTO!

Impune, feminicidio en México

Cada día, cinco mujeres son asesinadas en el país. Sólo el 15 por ciento de los crímenes son investigados como feminicidios. Casi todas las entidades federativas, a excepción de Chihuahua, han incluido el delito de feminicidio en sus códigos penales. No obstante, la investigación y acreditación de los crímenes de odio contra mujeres enfrenta aún diversos obstáculos. Desde tipificaciones deficientes y falta de protocolos de investigación especializados, hasta la intencionalidad de ocultar los asesinatos de odio
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En México, tan sólo el 15.75 por ciento de los asesinatos de mujeres perpetrados entre 2012 y 2013, es decir, 613 de un total de 3 mil 892, fueron investigados como feminicidios.
Esta realidad, develada por el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), preocupa a quienes integran esta organización civil no sólo por la cantidad de mujeres que a diario son asesinadas en territorio mexicano –más de cinco–, sino por la forma en que estos crímenes son abordados por los sistemas policial, ministerial y de justicia en el país.
Y es que, a pesar de que 31 de las 32 entidades de la República Mexicana han incluido el delito de feminicidio en sus códigos penales (a excepción de Chihuahua, en donde el homicidio de cualquier mujer tiene una penalidad agravada), la investigación y acreditación de los crímenes de odio contra mujeres aún enfrenta obstáculos de origen diverso.
Uno de ellos parte de la deficiente tipificación del delito a través de la incorporación en la redacción del tipo penal de elementos subjetivos que obstaculizan su acreditación o de la negativa de considerar al feminicidio como delito autónomo.
Es así que, de acuerdo con el OCNF en su Estudio de la implementación del tipo penal de feminicidio en México: causas y consecuencias 2012 y 2013, en 10 entidades del país se han creado tipos penales difíciles de acreditar (Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Estado de México, Guanajuato, Jalisco, Oaxaca, Puebla, Quintana Roo y Tlaxcala) y en siete, incluso, imposibles (Tamaulipas, Durango, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí, Michoacán y Zacatecas).
Además, en 11 estados (Aguascalientes, Baja California, Baja California Sur, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nayarit, Nuevo León, San Luis Potosí y Tlaxcala) el delito de feminicidio no es autónomo, es decir, es considerado tan sólo una variante del homicidio.
Desde finales del siglo pasado, a partir de estudios teóricos y de campo, quienes integran el Observatorio –alianza conformada por 43 organizaciones de derechos humanos y de mujeres– y miembros de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos han trabajado en la construcción del tipo penal feminicidio como una manera de visibilizar esta forma extrema de discriminación contra las mujeres y, en esa medida, obligar al Estado a dar un tratamiento adecuado y especializado a tan compleja realidad.
La privación de la vida, que el sujeto pasivo sea mujer y que el acto se realice por una razón de género son los tres elementos normativos presentes en el tipo penal formulado por dichas organizaciones. El que distingue al feminicidio de cualquier homicidio es el de las razones de género, mismas que en esta propuesta de tipo penal se traducen en ocho elementos que, en tanto objetivos, buscan que el operador jurídico centre su atención en comprobarlos sin necesidad de emitir juicio de valor que pudiera dificultar la acreditación del delito.
De acuerdo con la valoración del equipo del OCNF, entre menos razones de género contemple la tipificación local del feminicidio, también es menor la posibilidad de investigar, consignar y, en consecuencia, visibilizar como tal los crímenes de odio contra mujeres. En este sentido, detalla en su estudio, tan sólo 10 entidades incluyen en su tipo penal seis o más de estos elementos objetivos, entre los que se encuentran: que la víctima presente signos de violencia sexual de cualquier tipo; que se le hayan infligido lesiones infamantes, degradantes o mutilaciones, previas o posteriores a la privación de la vida; o que su cuerpo sea expuesto, depositado, arrojado o exhibido en algún lugar público.
La tipificación del feminicidio es tan sólo el primer paso para encaminar una investigación por muerte violenta. Es por ello que las organizaciones de la sociedad civil han insistido en una reforma integral que permita, al tiempo de homologar a nivel nacional el tipo feminicidio, contar con protocolos especializados con perspectiva de género para la investigación de este delito, es decir, con una guía de prácticas idóneas que faciliten al operador jurídico su labor.
A la fecha, únicamente 11 entidades del país (Colima, Distrito Federal, Jalisco, Morelos, Oaxaca, Sinaloa, Veracruz, Campeche, Chiapas, Estado de México y Guerrero) han emitido protocolos, no obstante que el artículo 5 de la Ley Orgánica de la Procuraduría General de la República y el 47 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia establecen dicha obligatoriedad. Cabe destacar que Baja California, Nuevo León y Querétaro carecen de protocolos, hecho que también representa una violación a su marco local que los obliga, asimismo, a contar con este instrumento.
Que toda muerte violenta de mujer sea investigada como feminicidio, que los operadores jurídicos omisos a la aplicación del protocolo sean sancionados y que se creen comités de evaluación del cumplimiento del protocolo con participación de la sociedad civil son tres de los elementos fundamentales que debe contemplar el protocolo de investigación del delito de feminicidio, apunta el OCNF.
En 2009, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, a través de su sentencia “González y otras vs México”, recomendó al Estado mexicano la creación de dichos protocolos. En el resolutivo 18 de la sentencia –también conocida como “Campo Algodonero”– se lee: “el Estado deberá, en una plazo razonable, continuar con la estandarización de todos sus protocolos, manuales, criterios ministeriales de investigación, servicios periciales y de impartición de justicia, utilizados para investigar todos los delitos que se relacionen con desapariciones, violencia sexual y homicidios de mujeres, conforme al Protocolo de Estambul, el Manual sobre la Prevención e Investigación Efectiva de Ejecuciones Extrajudiciales, Arbitrarias y Sumarias de Naciones Unidas y a los estándares internacionales de búsqueda de personas desaparecidas, con base en una perspectiva de género, conforme a lo dispuesto en los párrafos 497 y 502 de esta sentencia”.

Barreras culturales y políticas

Del análisis de quienes integran el OCNF se desprende que los tipos penales construidos en Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Distrito Federal, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Querétaro, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Veracruz y Yucatán cuentan con elementos que posibilitan la acreditación del feminicidio.
No obstante, esto no es suficiente. Aunque el papel se impregne de la redacción idónea, factores de tipo cultural y político se alzan en una barrera que imposibilita, en los hechos, la efectiva acreditación de los crímenes de odio contra las mujeres.
En entrevista, María de la Luz Estrada Mendoza, coordinadora ejecutiva del OCNF, alude a las dificultades para la comprensión de las características del feminicidio por parte de los encargados de procurar y administrar la justicia en el país, ancladas en prejuicios discriminatorios o en la falta de esfuerzos para aplicar los más altos estándares internacionales en materia de derechos humanos de las mujeres.
“Esta mentalidad, estos patrones socioculturales discriminatorios están ahí, tanto en la Procuraduría [General de la República], como en el Poder Judicial. Esas son las grandes barreras, además de que los jueces no utilizan las reglas de convencionalidad”, comenta Estrada Mendoza.
Se trata, detalla, de una mentalidad machista que, por tanto, no se combate “de la noche a la mañana”, con una capacitación, sino que requiere de esfuerzos adicionales que deben pasar, según su criterio, por sanciones hacia los servidores públicos.
A la par de las barreras culturales, dice, existe también una intención consciente de la autoridad de no acreditar los feminicidios, de ocultarlos a pesar de las huellas de misoginia encontradas en los cuerpos de las mujeres y en las escenas de los crímenes, en aras de mantener una buena imagen política o de conseguir votos electorales, lo que indudablemente repercute en el tema de justicia para las mujeres.
“Nosotras sabíamos, no somos ingenuas, que estamos ante un sistema de justicia impune, discriminatorio, corrupto y patriarcal que no solamente afecta a las mujeres, sino a toda la población. Lo adicional es que hacia nosotras, por ser mujeres, todavía hay un desprecio. O minimizan o nos culpabilizan. Contra eso hay que luchar”, comenta Estrada Martínez.
Yuriria Rodríguez, asesora jurídica del OCNF, se refiere a la situación que se vive en el Distrito Federal, que desde 2011 cuenta con el tipo penal feminicidio y con un protocolo de investigación de este delito, para ejemplificar otro de los obstáculos presentes a la hora de acreditar los crímenes de odio contra las mujeres. Recae, detalla, en la tendencia del operador jurídico a demostrar a toda costa la motivación, entendida como el acto que llevó al delincuente a cometer el ilícito, siendo que ésta resulta irrelevante para la acreditación del feminicidio, dado su carácter de delito grave.
“La motivación nos ayuda a determinar la forma en cómo se cometió el delito: intencional o no intencional. Al ser el feminicidio un delito de carácter grave se entiende que todo feminicidio lleva implícito el carácter del dolo y, por tanto, la motivación queda excluida de la acreditación del delito. Es decir, el operador jurídico no tiene que acreditar por qué la quería matar, lo que tiene que acreditar es lo que encuentra a lo largo de su investigación”, explica la abogada.
Casos como el de Darcy Losada y el de Karen Gochi (muchachas de apenas 20 años de edad asesinadas por Omar Dueñas y Mario Enríquez, respectivamente) muestran que, como destaca Estrada Martínez, “eso de juzgar con perspectiva de género lo vemos muy lejano todavía en México”.
En el primer caso, el procurador de Justicia del Distrito Federal salió a decir a la prensa que “ya encontraron el móvil de los hechos y que el feminicida la mató porque abortó”; en el segundo, que “el homicida la mató porque ella iba a acusarlo con su novia”, recuerda Yuriria Rodríguez. En ambos casos destaca la tendencia de seguir justificando al asesino y, en consecuencia, revictimizando a la mujer, apunta la abogada. Al final, dice, “se queda la versión de los agresores y no se logra el derecho a la verdad y a la justicia de las mujeres”.

Lento, proceso de tipificación

El primer intento por tipificar el delito de feminicidio en México data de 2006, cuando Marcela Lagarde y de los Ríos, quien entonces fungía como diputada federal, impulsó una propuesta que lo consideraba como un crimen de lesa humanidad.
Dos años después, la diputada Marina Arvizu Rivas impulsó una propuesta legislativa para acreditar el feminicidio a través de diversas circunstancias que hicieran visibles la misoginia y la discriminación.
En 2008, igualmente, Guadalupe Ramos Ponce, especialista en el tema de violencia contra la mujer, elaboró una propuesta de tipificación del feminicidio que lo consideraba como el homicidio de una mujer perpetrado por un hombre, el cual se agrava, a nivel estatal, cuando se realiza dentro del ámbito familiar o la víctima es infante.
Sin embargo hasta 2011 se empezó a concretar la tipificación del feminicidio como delito autónomo en los estados. Esto, empujado, en gran medida, por la sentencia “González y otras vs México” de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que evidenció que los feminicidios se dan en un contexto de violencia y discriminación estructural basadas en el género, y de un fenómeno social y cultural enraizado en las costumbres y mentalidades.
La labor de la sociedad civil mexicana ha sido fundamental en este proceso, señala Estrada Martínez. No así, dice, la de las instancias oficiales, como el Instituto Nacional de la Mujeres; la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, dependiente de la Secretaría de Gobernación; y la Comisión Especial para Conocer y Dar Seguimiento Puntual y Exhaustivo a las Acciones que han Emprendido las Autoridades Competentes con Relación a los Feminicidios en el país, de la Cámara de Diputados.
“La batalla la hemos dado nosotras: las organizaciones, las víctimas. Vemos muy débil el papel de estas instancias que pudieran ser mucho más proactivas y ayudar más”, señala la coordinadora ejecutiva del OCNF.
Entre las recomendaciones que el OCNF dirige al gobierno federal y a los estatales en la materia destaca la homologación del tipo de feminicidio para que sea un delito autónomo y objetivo, que contemple además un protocolo de actuación ministerial, policial y pericial. La Comisión de la Mujer de la Conferencia Nacional de Gobernadores y de la Conferencia Permanente de los Congresos Locales serían las instancias por medio de las cuales puede lograrse tan necesaria homologación, apuntan.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Cada día en México mueren 6 mujeres por crímenes de violencia de género


Es tiempo de actuar para transformar nuestro mundo en uno libre de violaciones a derechos humanos.

Conoce la campaña Sé Amnistía en http://ir.amnistia.mx/sa involúcrate con las acciones y cambiemos al mundo. Sé ese alguien, #SéAmnistía

sábado, 7 de febrero de 2015

Alerta Solalinde por el aumento de feminicidios

En el estado de México, la mayoría, dice
Carlos García
Corresponsal
Periódico La Jornada
Sábado 7 de febrero de 2015, p. 6
León, Gto.
El sacerdote Alejandro Solalinde consideró que con su patrón cultural machista, la Iglesia católica es cómplice del Estado en el aumento de feminicidios y violencia contra la mujer. Del caso Ayotzinapa dijo que el Estado mexicano cometió un crimen masivo perfecto, pero que existen cabos sueltos que necesariamente conducen a indagar si los jóvenes fueron calcinados en una base militar.
Es necesario que en México se declare una alerta de género porque los feminicidios se han incrementado en el estado de México; en la tierra de Enrique Peña Nieto se sigue incrementando a tal grado que cada día aparecen cuerpos o desaparecen jovencitas de entre 13 y 24 años, y uno se pregunta: ¿y el Estado? Son policías la mayor parte de los que cometen estos crímenes, funcionaros coludidos en la trata”, acusó.
Se pronunció porque la Iglesia católica revalore a la mujer, porque con sus estructuras excluyentes forma un caldo de cultivo donde crecen la violencia, los feminicidios y la trata, y advirtió que si el ser humano ha llegado a ser un mercancía, la mujer es el artículo más comercial
En entrevista, después de la presentación del libro Hermanos en el camino, en la Universidad Iberoamericana, el sacerdote dijo que la desaparición de 43 normalistas fue el último crimen de Estado que toleró la ciudadanía; opinó que el Estado cometió un crimen masivo perfecto, porque no hay pruebas científicas de que estén vivos o muertos.

jueves, 5 de febrero de 2015

Desdén ante la violencia de género, dice experta


Emir Olivares Alonso
 
Periódico La Jornada
Jueves 5 de febrero de 2015, p. 12
La violencia contra las mujeres en México es estructural, muchas veces institucionalizada. Es parte del paisaje, debido a que a autoridades políticas y de justicia no les interesa, la ven como hechos aislados, argumentan que no existe, que es producto de la violencia intrafamiliar o de la ruptura del tejido social, lo que propicia que este delito se mantenga en la impunidad.
Así lo señalaron especialistas universitarias durante el foro Violencia feminicida y alertas de violencia de género, que se realizó ayer en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, donde se informó que aun cuando el feminicidio ya está tipificado en 30 entidades del país, hasta hace dos años sólo había cuatro consignaciones por este delito. Y se agregó que la impunidad de estos casos es en parte una de las consecuencias de la actual crisis de inseguridad, falta de acceso a la justicia y violaciones a los derechos humanos que se enfrentan en el país.
País de los feminicidios sin fin
Lucía Melgar, investigadora en temas de violencia contra las mujeres, lamentó que aun cuando desde hace al menos 20 años se han venido documentando los casos de feminicidio en Ciudad Juárez, Chihuahua, no se ha modificado la realidad en esa urbe ni se ha transformado la visión de las autoridades.
Otra entidad donde los asesinatos de mujeres por razón de género son preocupantes es el estado de México, donde pese a ser la región con las cifras más elevadas en torno a esta problemática, existe un ocultamiento y negación de esa realidad, tanto por políticos como por los encargados de las instituciones de justicia.
Lamentó que en varios estados del país las autoridades se nieguen a declarar alertas de género frente a los riesgos en que se encuentran las mujeres, como ha sucedido en Guanajuato, estado de México, Morelos, Nuevo León y Oaxaca. Y enfatizó, en Tlaxcala, donde la trata de mujeres está prácticamente institucionalizada, no se han decretado estas alertas.
Mariana Berlanga, académica de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, indicó que los casos por feminicidio siguen en la total impunidad, tanto por complicidad de las autoridades como por su visión misógina de que la responsable de lo que sucedió es la mujer.
Cada vez que una chica es asesinada o desaparecida es sospechosa, siempre existen preguntas hacia su persona, en particular referentes al ejercicio de su sexualidad: ¿Con quién andaba? ¿Por qué estaba tan tarde en la calle? ¿Qué tal y se fue con el novio? ¿No tendrá una doble vida?, dijo Berlanga.

lunes, 2 de febrero de 2015

Cine-debate: Bajo Juárez


En el marco de actividades para CONMEMORAR el 14avo. aniversario luctuosos de Lilia Alejandra García Andrade

lunes, 19 de enero de 2015

Mapa del feminicidio en México

Chiapas, Chihuahua, DF, Guerrero, Jalisco, Edomex, Nuevo León, Oaxaca, Puebla y Sinaloa son las entidades del país más violentas para las mujeres.


Mapa del feminicidio en México (Jesús Martínez)
Milenio. Cifras del Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres) indican que a diario mueren siete mexicanas a causa de la extrema violencia.
Pese a que se han creado tipos penales para sancionar el feminicidio y en algunos estados se han diseñado protocolos de investigación y actuación ministerial y policial, la incidencia de la violencia no cede.
A partir del informe “Estudio de la implementación del tipo penal de feminicidio en México: Causas y consecuencias 2013 y 2013”, y el reporte preliminar “Avances y retrocesos en la protección de las mujeres víctimas de la violencia familiar”, ambos del Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), Cimacnoticias identificó las 10 entidades federativas con más incidencia de agresiones contra la población femenina.
Chiapas, Chihuahua, DF, Guerrero, Jalisco, Edomex, Nuevo León (NL), Oaxaca, Puebla y Sinaloa encabezan el número de delitos contra las mujeres. Ambas investigaciones del OCNF se basan en información de las procuradurías de justicia de las respectivas entidades.
En ambos estudios se detectó que la mayoría de los casos de feminicidio no se investigan como tales, pese a que la mitad de las entidades cuenta con un protocolo de actuación e investigación para este delito.
Se suma la resistencia de las autoridades para dar cifras sobre el problema, lo que se refleja en la falta de una base de datos sobre las agresiones y delitos que permita conocer la magnitud del feminicidio, identificar a las mujeres que son más atacadas y las características de los agresores.
Al mismo tiempo, la emisión de las órdenes de protección es prácticamente inexistente. Según los artículos 27 al 32 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (Lgamvlv), tales órdenes —que pueden ser emitidas por el MP, procuradurías, secretarías de Seguridad y juzgados civiles— son “actos de protección y de urgente aplicación en función del interés de la víctima, las cuales son precautorias y cautelares”.
NUMERALIA DE LA VIOLENCIA
Guerrero encabeza la lista de la violencia contra las mujeres, ya que en 2012 y 2013 fueron asesinadas 297 y solo 29 casos se han investigado como feminicidio, es decir, únicamente 9.7 por ciento del total.
De 2012 a 2013 el feminicidio se incrementó en el estado en 343 por ciento, toda vez que mientras en el primer año se registraron 67 defunciones, para 2013 la cifra ascendió a 230.
Uno de los estados que evidencia que las herramientas creadas —y contenidas en la Lgamvlv— para proteger la vida de las mujeres no se utilizan es el Edomex, donde 56.87 por ciento de las mujeres de 15 años o más sufrió algún tipo de violencia durante su relación de pareja.
Mientras las autoridades federales se niegan a activar la Alerta de Violencia de Género (AVG)
—mecanismo de emergencia ante violencia feminicida en un territorio determinado, también estipulado en la ley—, las estatales no otorgan a las mujeres las órdenes de protección.
De enero de 2011 a junio de 2012, la procuraduría mexiquense y el Tribunal Superior de Justicia de la entidad negaron al OCNF información sobre la emisión de las órdenes de protección, con el argumento de que el tribunal no genera estadísticas tan detalladas, mientras que la PGJEM dijo que no llevaba el registro total de los delitos contra las mujeres.
Otro de los estados con una investigación pendiente por violencia feminicida y que puede derivar en la activación de la AVG es Chiapas, donde según estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en 2012 se cometieron mil 564 violaciones sexuales.
Esa entidad es una de las pocas a escala nacional que cuenta con un protocolo especializado en feminicidio, pero no establece elementos mínimos para garantizar la debida diligencia con perspectiva de género en la investigación, pues no relaciona ni coordina las actuaciones ministeriales con los de la policía especializada y los peritos.
Desde los años 90, Chihuahua —único estado que no ha tipificado el delito de feminicidio en su Código Penal— se caracteriza por el alto índice de violencia de género, situación que pese a las múltiples exigencias de organizaciones sociales y llamados internacionales no ha cambiado.
De enero de 2012 a diciembre de 2013 la fiscalía de justicia de la entidad manifestó que inició 17 mil 485 carpetas de investigación en las que las víctimas fueron mujeres; para estos casos se otorgaron 963 órdenes de protección, es decir solo 5 por ciento de mujeres recibió protección, mientras que la procuraduría estatal informó que en el mismo periodo se cometieron 250 homicidios dolosos de mujeres.
DF, CIUDAD INSEGURA
Las capitalinas no se salvan de ser víctimas de agresiones. Según datos del Inegi, en 2012 se registraron 122 defunciones femeninas por homicidio doloso y culposo, mientras que la PGJDF registró un total de 104 asesinatos de mujeres en el mismo año.
De acuerdo con el OCNF, “más de 80 por ciento de las mujeres asesinadas” en la capital del país fueron ultimadas de manera intencional.
La PGJDF, a través del Centro de Atención a Víctimas de Violencia Intrafamiliar, informó que de enero de 2012 a diciembre de 2013 se cometieron 19 mil 745 hechos de violencia contra las capitalinas, la mayoría tenía entre 24 y 47 años.
Oaxaca es la entidad que tiene un número significativo de asesinatos de mujeres menores de 20 años, ya que 36 por ciento de las 164 oaxaqueñas que perdieron la vida durante 2012 y 2013 tenían menos de esa edad.
En cuanto al feminicidio en Puebla, la procuraduría estatal reportó que en 2012 y 2013 se cometieron 158 asesinatos de mujeres, de los que solo seis se investigaron como feminicidio. En los mismos dos años en Sinaloa fueron asesinadas 187 mujeres, y únicamente 21 por ciento de los casos son considerados como feminicidio.
Finalmente, las autoridades de NL se caracterizan por una negativa a brindar información, pero organizaciones civiles documentaron 92 asesinatos en 2013.
CIMACNOTICIAS:  PERIODISMO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO

lunes, 5 de enero de 2015

El caso Marisela Escobedo, ejemplo de turbiedad

L
a Fiscalía General de Chihuahua se retractó ayer de la aseveración inicial de que el presunto homicida de la activista Marisela Escobedo, José Enrique Jiménez Zavala, alias El Wicked, había muerto de un infarto en el Centro de Readaptación Social Número 1 del estado, y admitió que, de acuerdo con los resultados de una segunda autopsia, el recluso falleció a consecuencia de una fractura en las vértebras cervicales, propia de un intento de asfixia o de desnucamiento. Es decir, se trató de un homicidio, perpetrado sin embargo en un área de alta seguridad del establecimiento penal.
Con este hecho se suma una nueva incertidumbre al caso de Marisela Escobedo, emblemático de las miserias acumuladas desde el sexenio anterior en las corporaciones policiales y en las instancias de procuración e impartición de justicia del país.
Como se recordará, Marisela Escobedo fue asesinada de un balazo en la cabeza el 16 de diciembre de 2010 frente al Palacio de Gobierno de Chihuahua cuando realizaba una protesta en demanda del esclarecimiento del homicidio de su hija, Rubí Marisol Frayre Escobedo, de 16 años, cometido en Ciudad Juárez en 2008. Sergio Rafael Barraza Bocanegra, pareja de la menor e integrante del cártel de Los Zetas, fue acusado del crimen y capturado. El individuo se declaró culpable y condujo a las autoridades al sitio en que había enterrado el cuerpo calcinado de Rubí. Sin embargo, los jueces Catalina Ochoa Contreras, Netzahualcóyotl Zúñiga Vázquez y Rafael Baudin Jurado lo absolvieron por falta de pruebas y el imputado fue puesto en libertad. Marisela Escobedo inició entonces una memorable lucha en demanda de justicia, en el curso de la cual realizó marchas por Ciudad Juárez y otras localidades de la entidad, y reunió 14 mil firmas en demanda de revocación de la sentencia absolutoria. Cuando logró que un tribunal de circuito anulara el fallo, Barraza ya se había dado a la fuga. Escobedo inició una protesta más, en la capital estatal, para exigir la captura del homicida de su hija y unos meses más tarde ella misma fue asesinada por órdenes, de acuerdo con los procesos judiciales, de Barraza Bocanegra.
En octubre de 2012 Jiménez Zavala fue capturado y presentado como el autor material del homicidio de la activista y desde entonces se encontraba sujeto a juicio. Ya en prisión, el gobierno de César Duarte lo presentó, con la anuencia del recluso, como promotor de principios y valores de civismo y como ejemplo de lo que no se debe hacer. En cuanto a Barraza, fue abatido por efectivos militares en Zacatecas en noviembre de ese mismo año, en un episodio que no mereció diligencia judicial alguna.
La muerte de El Wicked, el miércoles de la semana pasada, en el área de alta seguridad de la cárcel donde estuvo recluido durante 26 meses, deja una nueva incertidumbre en un caso que condensa algunos de los componentes más graves de la actual inseguridad que vive el país: la oleada de feminicidios, la impunidad persistente, la infiltración de la delincuencia organizada en instancias policiales y judiciales, la indolencia de las autoridades, la renuencia al esclarecimiento, el desaseo de los procesos legales y la desoladora indefensión de las víctimas y de la ciudadanía en general ante el embate de los grupos criminales.

sábado, 27 de diciembre de 2014

Fue en Ciudad Juarez donde empezaron a registrarse crueles asesinatos de mujeres

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Fue en Ciudad Juarez donde empezaron a registrarse crueles asesinatos de mujeres
Por Marisela Ortiz, directora y co-fundadora de Nuestras Hijas de Regreso a Casa, A.C. Para mas información favor de visitar: http://nuestrashijasderegresoacasa.blogspot.com
Foto original : http://nuestrashijasderegresoacasa.blogspot.com
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Fue en Ciudad Juarez donde empezaron a registrarse crueles asesinatos de mujeres con características sexistas, racistas  y clasistas..   Y fue donde empezamos a luchar por tratar de esclarecer los crímenes, buscando un freno a estas tragedias y la justicia para las que ya nos arrebataron…   y es la razón por la que se dio a conocer a Ciudad Juarez como la capital del FEMINICIDIO.
Ahora estos crímenes contra mujeres se han reproducido en todo el país, y destaca el Estado de Mexico, al centro de la república, y existen  tanto similitudes como grandes diferencias en los patrones de asesinatos y desapariciones de mujeres con los de Ciudad Juarez, lugar donde llama la atención NO solo al numero de víctimas, sino la manera en que son torturadas y asesinadas, y la falta de justicia para las víctimas y sus familias.
Este es un problema multifactorial, donde resalta una cultura machista, y los hombres hacen una demostración de su poder sobre las mujeres con la violencia extrema.  Se asesina y se tortura porque SE PUEDE.
Pero ademas, es claro que la corrupción policiaca y gubernamental han dejado crecer el problema, llegando a magnitudes que quizá no se esperaban.  Cuando observamos que NO hay investigación ni voluntad de prevenir el feminicidio, consideramos que se TOLERAN los crímenes, y podemos sospechar que ese nulo interés de la autoridad por este tema, no es otra cosa que su complicidad; pues se hace evidente en algunos de los casos, que incluso hay participación de policías en las  desapariciones y asesinatos de mujeres.
Respecto a la violencia familiar, un punto que hemos resaltado en nuestra difusión de algunos casos, es que a la instalación de las fabricas llamadas “maquiladoras”, donde inicialmente se empleaba mayormente a mujeres, el hombre se siente rebasado por la mujer y para ellos es intolerable que se les desplace en su papel de proveedores, y que sus mujeres adquieran libertades que antes no les interesaban, pero que al sentirse ellas capaces de ser independientes económicamente, se deciden a tomar el liderazgo familiar y  se apropian de un lugar  en la sociedad y la familia que antes les era negado.  Esto provoca violencia en los hombres que ahora, al ver que sus mujeres obtienen un empleo y ellos no, y tienen que quedarse al cuidado de los hijos y desempeñando las actividades del hogar que tradicionalmente  solo eran atribuidas a las mujeres; lo cual les hace sentirse humillados y descargan sus frustraciones violentando a sus propias mujeres y a otras, violando a los niños y niñas, y en el extremo de los casos, asesinando a la propia mujer.
Indudablemente la violencia también es institucional, ya que ningún problema relacionado con las mujeres es prioridad en la agenda política de nuestros gobernantes. Se observa un desprecio total hacia el tema, al cual solo se le toma interés cuando existe presión política de por medio, como es el caso del mandato de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, de atender, prevenir y sancionar la violencia contra las mujeres. Y aun en estos casos, existe una política de simulación donde se aparenta atender los casos pero no se invierte en ello.  No existen hasta ahora políticas efectivas de prevención ni una intención evidente de pretender terminar con la violencia que extermina a las mujeres.
El asunto del feminicidio no se ha resuelto, y la violencia extrema contra las mujeres es algo cotidiano, y los indicadores son sin duda las cifras, que siempre van hacia arriba.  Las leyes creadas para el caso se ha convertido en letra muerta, que no se aplica porque no existe la voluntad de hacerlo. Los políticos no ven necesario hacer cumplir esta ley y prefieren culpar a las mujeres de sus propias tragedias, que emprender acciones que lleven a detener esta barbarie, y aun menos si las acciones tienen costo económico o político; es decir,  si atendieran,  es como aceptar una responsabilidad que han negado siempre.
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domingo, 21 de diciembre de 2014

Hace 4 años mataron a Marisela, mamá de Rubí: ni perdón, ni olvido

** “… que me asesinen aquí enfrente, para vergüenza del gobierno”, y lo hicieron. Su grito por justicia permanece, se recuerda por cada uno que pasa frente a esa plaza, frente a esa puerta, frente a ese enorme y antiguo palacete: ahí está su grito en esa placa, símbolo pequeño de la multitud de voces ahogadas por la violencia.
Chihuahua, Chih.- Hace 4 años mataron a Marisela, mamá de Rubí. Apenas dos decenas de personas, entre amigos, activistas y reporteros, hicieron una guardia, pequeña pero cálida a pesar del frío de los últimos días de otoño que se sintió esta tarde, para recordar a la mujer que el jueves 16 de diciembre del 2010 fue asesinada mientras exigía justicia para su hija Rubí, víctima de feminicidio.
Recordaron a Marisela y Rubí, murió buscando justicia, "y sigue sin llegar", coincidieron, "ni perdón ni olvido... Marisela, escucha, seguimos en la lucha".
Marisela Escobedo Ortiz fue asesinada hace cuatro años en la ciudad de Chihuahua mientras encabezaba una manifestación-plantón permanente en la Plaza Hidalgo exigiendo que apresaran al sentenciado como asesino de su hija, Sergio Rafael Barraza Bocanegra.
Marisela, madre víctima de feminicidio convertida por su tragedia personal en activista, fue asesinada el jueves 16 de diciembre del 2010 rayando las 9 de la noche: un balazo a quemarropa en la cabeza acabó con su vida mientras corría para resguardarse al Palacio de Gobierno, que quedaba frente a la Plaza Hidalgo donde protestaba por justicia.
El acceso frontal del palacete estaba cerrado, no había guardias, su escolta puesto por la entonces Procuraduría General de Justicia no estaba, cayó muerta frente a las puertas cerradas.
El domingo 7 de octubre del 2012 en el salón Gobernadores, el gobernador de la entidad, el Fiscal General, el presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos y el director de la Policía Única y Comisario Federal, anunciaron la detención de José Enrique Jiménez Zavala en un operativo de inteligencia según indicaron, deteniéndole en conjunto Policía Federal y Estatal en la calle Haciendas del Valle y el periférico De la Juventud.
La versión oficial indicaba que el autor intelectual ya estaba bajo resguardo, Jesús Antonio Chávez alias “El Tarzán”, a su vez ligado al multi-homicidio del bar El Colorado perpetrado en abril también en esta capital. A José Enrique Jiménez Zavala lo apuntan de líder de la banda los Aztecas, ejecutores para la célula delictiva “La Línea”, a su vez brazo armado del Cártel de Juárez.
En diciembre del 2010 las autoridades estatales señalaban que la hipótesis más fuerte era que el autor intelectual del homicidio era Sergio Barraza Bocanegra, la ex pareja y homicida de Rubí Frayre Escobedo, hija de Marisela Escobedo, pero según se dio a conocer en esa célebre rueda de prensa fueron los hoy procesados, y que tanto Luis Alberto Camacho Ramos alias "El Tucker" como José Enrique Jiménez Zavala, acababan de salir de una prisión en Estados Unidos, y asimismo, cuatro días antes había sido detenido Juan Carlos Sandoval Seáñez alias "El Sabritas" como presunto líder de la señalada célula delictiva.
Pero sus hijos, asilados en Estados Unidos, no creen la versión oficial, la refutan de hecho, el retrato hablado y la versión de un testigo dice que no tiene parecido con "El Wicked", hoy figura pública, símbolo del gobierno estatal que le dice desde la prisión a estudiantes, que el crimen no paga.
Para el actual gobernador César Duarte Jáquez este hecho de sangre que cimbró al estado, al país y que resonó a nivel internacional, marcó el inicio de su gobierno que apenas llevaba poco más de dos meses.
Marisela Escobedo se ha convertido en el símbolo de las víctimas de la violencia, de los feminicidios y del operativo anti-crimen gubernamental en estos siete años - desde que Felipe Calderón le declaró la guerra al Narco y desde que la continuó Enrique Peña Nieto en el 2012 -; como madre exigió justicia cuando un primer Tribunal decidió que no había pruebas suficientes para detener a Barraza Chávez, luego un Tribunal de Casación determinó que era culpable y que el primer Tribunal no juzgó bien las pruebas contra el sentenciado como homicida, pero para entonces ya había huído.
Era la segunda vez que lo hacía y las dos veces que fue capturado fue gracias a la investigación de la propia Marisela Escobedo que lo rastreó y siguió hasta Zacatecas.
En donde Marisela murió, hoy hay una placa que recuerda el asesinato, se ha convertido en uno de los nuevos símbolos del estado de Chihuahua. Antes de morir, Marisela que reclamaba que la justicia era un privilegio de ricos, declaró públicamente en esa Plaza Hidalgo testigo de su travesía por justicia que si la habían de matar por su reclamo “… que me asesinen aquí enfrente, para vergüenza del gobierno”, y lo hicieron.
Y le dispararon.
Y la mataron.
Nada detuvo la bala asesina.
Su grito por justicia permanece, se recuerda por cada uno que pasa frente a esa plaza, frente a esa puerta, frente a ese enorme y antiguo palacete: ahí está su grito en esa placa, símbolo pequeño de la multitud de voces ahogadas por la violencia.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Desigual, tipificación de feminicidio en el país

En la mayoría de los casos imposibilita acreditar el ilícito: ONG
Carolina Gómez Mena
 
Periódico La Jornada
Domingo 14 de diciembre de 2014, p. 13
El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF) criticó los tipos penales de feminicidio que se han implementado en los estados pues señaló que la mayoría hacen imposible acreditar el delito.
En el Estudio de la implementación del tipo penal del feminicidio en México, precisa que en entidades como Tamaulipas, Durango, Nuevo León, San Luis Potosí, Michoacán y Zacatecas es imposible castigar el ilícito.
Añade que no obstante que algunas entidades tienen una fórmula sencillapara comprobar el delito, en el momento de su implementación no logran hacerlo de manera efectiva debido a varias razones.
Entre ellas subraya que “después de tres años de iniciado el proceso de tipificación del feminicidio en México hay dificultades para la comprensión de las características del feminicidio por parte de los operadores de procuración y administración de justicia, además de que existen prejuicios discriminatorios contra las mujeres, que obstaculizan la ampliación de los criterios para investigar y juzgar los asesinatos de mujeres.
También en el estudio se establece que “faltan esfuerzos adicionales por parte de los operadores jurídicos para poder acreditar los feminicidios con una perspectiva de género, la cual tenga como base los más altos estándares internacionales en materia de derechos humanos de las mujeres”, y precisa que “casi 100 por ciento de los casos que se están investigando como feminicidios se concentran en 14 estados que tienen una fórmula sencilla y objetiva en su tipo penal.
Asimismo, el análisis precisa que a pesar de que el Estado mexicano está obligado a contar con protocolos, criterios ministeriales de investigación y de impartición de justicia para indagar este ilícito, como lo mandata la sentencia de Campo Algodonero desde 2009, misma que se convalida en el artículo 47 de la Ley General de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, sólo siete han elaborado dichos protocolos: Colima, DF, Jalisco, Morelos, Oaxa­ca, Sinaloa y Veracruz.
Critica también que hay estados que “supeditaron el feminicidio a la acreditación previa del homicidio doloso” y añade que urge “homologar el tipo de feminicidio de manera objetiva; que sea un delito autónomo, de fácil acreditación y que contemple un protocolo de actuación ministerial, policial y pericial” del ilícito.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Feminicidios en el DF

Los de abajo
Gloria Muñoz Ramírez
L
a desaparición y posterior asesinato de dos jóvenes estudiantes, ambas mujeres, en la ciudad de México, con diferencia de días, se abonan al rosario de agravios a una juventud mexicana que se ha visibilizado con alta capacidad de movilización, está rompiendo con esquemas prestablecidos y se está plantando como uno de los principales sujetos de la protesta ciudadana.
Las muertes recientes de Anayeli Bautista Tecpa, de 23 años, estudiante de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), y de Edith Gutiérrez, de 22 años, alumna del Instituto Politécnico Nacional (IPN), son un atentado contra toda una generación, y no fueron en Guerrero, sino en una ciudad que se ufana de defender los derechos de las mujeres y se niega a reconocer que crece el feminicidio en su demarcación. Como si esto fuera sólo asunto del norte del país.
No debe perderse de vista, como dice Karla Micheel Salas Rodríguez, presidenta de la Asociación Nacional de Abogados Democráticos (ANAD), que las dos estudiantes fueron desaparecidas antes de ser asesinadas. Y la pregunta es: ¿por qué no se investigó con celeridad antes de que se les encontrara muertas? Esto es parte del desprecio hacia las mujeres, la juventud y los estudiantes.
Así, mientras las autoridades capitalinas insisten en que todo es estadística y muestran números de la supuesta disminución de asesinatos de mujeres, la realidad se impone y deja al descubierto que esta ciudad es un foco rojo y se encuentra entre los primeros cinco lugares de feminicidios en México.
Salas Rodríguez, integrante del equipo jurídico que le ganó al Estado mexicano el caso del campo algodonero en Ciudad Juárez, advierte que los feminicidios de Anayeli Bautista Tecpa y Edith Gutiérrez no se pueden descontextualizar de una situación donde los jóvenes son criminalizados y carecen de oportunidades. No son hechos aislados.
En medio de la tragedia de los normalistas de Ayotzinapa asesinados (cuatro) y desaparecidos el 26 y 27 de septiembre y de la lucha emprendida por los estudiantes del IPN, la desaparición, tortura y asesinato de Edith Gutiérrez es vinculada por sus compañeros con su actividad política, pues, señalan, formaba parte de la asamblea estudiantil de la Escuela Superior de Comercio y Administración (ESCA), plantel Santo Tomás.
La tortura y la muerte por estrangulamiento de la joven politécnica se inscriben, afirman sus compañeros en un comunicado, en el odio a la protesta estudiantilcaracterística del régimen actual. Por lo pronto, el ya bastaestudiantil recorre el país entero.

viernes, 12 de diciembre de 2014

Desollada

Gabriela Rodríguez
Y
a perdimos las cuentas, son tantas las muertes tortuosas en este país que ya no quisiéramos enterarnos. Y sin embargo, nuevamente aparece: un nuevo cuerpo que ya no respira ni siente, que acaso dejó de estar preso dentro de su piel, como estamos los vivos.
Al igual que Julio César Mondragón, joven que fue desollado vivo en Ayotzinapa, el pasado 7 de diciembre se encontró desollada a Kassandra Bravo Caro en la carretera de Uruapan. Una enfermera de 19 años de edad, que había desaparecido cuatro días antes. Ella vestía su filipina de enfermera porque iba a cuidar un bebé en algún domicilio, según comentaron sus padres. Un día antes, en Ziracuaretiro, muy cerca de Uruapan, se había localizado a otra mujer joven lapidada y con quemaduras en el cuerpo.
El desollamiento consiste en arrancarle la piel a la persona mientras está viva. A lo largo de la historia, este método ha sido acompañado por la exposición pública de la piel del desollado como forma de infundir temor y para manifestar el poder del Estado. El método fue practicado por asirios, egipcios, aztecas, chinos y por los europeos en la Edad Media. Tal como expone el filósofo francés Michael Focault, esta atroz forma de ejecución persistía en la Francia de comienzos del siglo XVIII.
¿Qué es esto? ¿A dónde hemos llegado?
De acuerdo con el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), actualmente se puede acreditar el feminicidio sólo en 14 entidades federativas donde así está sustentado. Esta forma de violencia extrema queda invisibilizada en los códigos penales debido a las trabas para su investigación. María de la Luz Estrada Mendoza, coordinadora del OCNF, informó que 3 mil 892 mujeres fueron asesinadas de 2012 a 2013, pero sólo se abrieron 613 investigaciones por feminicidio (15.75 por ciento del total). Además, del total de pesquisas que se iniciaron por feminicidio, sólo 1.6 por ciento derivaron en sentencias; 25 por ciento de los casos fueron consignados, 24 por ciento estaban en investigación y de un 43 por ciento no se informó.
Pero apenas se daba a conocer la noticia de Kassandra cuando el gobernador del estado, Salvador Jara, consideró como un hecho aislado el asesinato de la mujer, por lo que pidió no promover la sicosis, pues dijo que si uno hace mucho ruido, se pueden salir las cosas de control.
Los familiares de Érika Kassandra Bravo acusaron que las cuentas de Facebook y Twitter de la enfermera fueron cerradas de manera inexplicable, cuentas que se habían convertido en un vehículo para canalizar las muestras de indignación y exigencia de justicia. Las cuentas contenían información valiosa que pudo servir para orientar las investigaciones del homicidio, como por ejemplo la última foto que se tomó la joven momentos antes de morir, a las 15:46 horas del 3 de diciembre, día en que fue reportada extraviada por sus familiares.
Mientras tanto, la vocera del Movimiento Magisterial Popular Veracruzano (MMPV), María Carolina Eugenio Aragón, comentó en entrevista que el asesinato de Kassandra podría ser represalia por las movilizaciones que la CNTE ha realizado en Morelia. La joven enfermera que fue desollada y torturada en Michoacán era sobrina de Luis Alberto Bravo Navarrete, asesor jurídico de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación en Michoacán (CNTE). Así lo reveló Juan José Ortega Madrigal, líder de la sección 18 de la CNTE, quien dijo que se analiza si el crimen podría estar vinculado con las acciones de su gremio. Es algo que se está valorando, pero por lo pronto estamos reunidos en este momento para definir el plan de acción a seguir, con la finalidad de exigir el esclarecimiento de este crimen y que se haga justicia. La maestra veracruzana también dijo que las personas que realizan este tipo de trabajos de desollar llevan un entrenamiento militar, son titulados en guerra estratégica.
Twitter: @Gabrielarodr108

jueves, 11 de diciembre de 2014

Feminicidios alcanzan niveles alarmantes; Redim exige alerta de género para Edomex

Impiden protesta en Los Pinos contra feminicidios en Juárez. Foto: Octavio Gómez
Impiden protesta en Los Pinos contra feminicidios en Juárez.
Foto: Octavio Gómez
MÉXICO, D.F. (apro).- La Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) alertó sobre la falta de acciones gubernamentales para combatir el feminicidio en el país, sobre todo en el Estado de México, una de las entidades con el más alto índice de homicidios de mujeres, por lo que exige que se emita una “alerta de género”.
En el contexto de la conmemoración del Día Internacional de los Derechos Humanos, el director de la Redim, Juan Martín Pérez García, llamó la atención también sobre el aumento de la violencia contra mujeres, en especial niñas y adolescentes, cuyos casos terminan en su mayoría en “feminicidios, sin que existan a nivel federal medidas que garanticen su seguridad y prevengan este tipo de violencia”.
Con el caso de Liliana, una adolescente de 12 años, secuestrada y asesinada en Cuautitlán Izcalli, Estado de México, como ejemplo, Pérez García señaló que, de acuerdo con las estadísticas de mortalidad del Inegi de 2012, en la tierra natal del presidente Peña Nieto 372 niñas fueron asesinadas, “la cifra más alta en los últimos 10 años”.
A esos datos el defensor agregó otros de la Procuraduría General de Justicia mexiquense en el sentido de que “las violaciones sexuales contra niños, niñas y adolescentes en el Estado de México, crecieron 270% de 2009 a 2011, pasando de 213 a 789 denuncias al año”, ello sin contar con que “la entidad tiene un problema de salud pública por embarazos de adolescentes”.
El director de la organización resaltó que el caso de Liliana “no es sólo un ejemplo de la inseguridad que vive la infancia, son además de la ausencia de protocolos adecuados de las autoridades donde prevalezca el enfoque de derechos y la seguridad de niñas y niños ya que la manifestación realizada en la carretera México-Querétaro las autoridades desalojaron a las ciudadanas y ciudadanos, entre ellos a niñas y niños, así como a adolescentes que acompañaban la protesta por el secuestro y asesinato de Liliana”.
Tras recordar que otro caso difundido esta semana fue el de Silvia, de 17 años, quien fue reportada como desaparecida el 5 de diciembre en Ecatepec, y después como asesinada por su novio, dio cuenta de que “el Estado de México presenta un índice de violencia contra la mujer de 54.1% que supera el promedio nacional de 23%”.
La gravedad del problema ha sido expuesto por el Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidios, agrega la organización, que documentó 922 asesinatos de mujeres entre enero de 2005 y agosto de 2010.
La violencia contra las mujeres, destaca la Redim, no es un problema que ocurre sólo en el Estado de México, y la prueba de ello es la localización sin vida de Erika, una jovencita de Uruapan, Michoacán, “y de cuyo caso las autoridades no han dado a conocer más información sobre los avances en la investigación pese al clamor social que demanda investigación y justicia”.
La organización lamentó las recientes declaraciones al respecto del caso de Erika del gobernador de Michoacán, Salvador Jara Guerrero, de que se trata de “un hecho aislado”, así como negar que se declare la alerta de género al considerar que se podría generar “psicosis social”.
Para la organización con tales afirmaciones se desconoce que “detrás de la violencia y los crímenes están el machismo y la violencia de género”, así como investigaciones de organizaciones como Humanas AC que destacan que “en los últimos tres meses en Michoacán, han sido asesinadas 12 mujeres, la mayoría de ellas niñas y adolescentes”.
Juan Martín Pérez García exigió aplicar la alerta de género en el Estado de México, así como “brindar a las familias de las víctimas acceso a la justicia” y los apoyos que requieran, así como garantizar su seguridad y de aquellas familias que denuncian casos de violencia contra mujeres,
El director ejecutivo de la Redim pidió a las autoridades “tomar medidas urgentes frente a la desaparición de niñas, niños y adolescentes del país, así como realizar investigación exhaustiva en cada uno de los casos”.