Campo Algodonero
viernes, 5 de noviembre de 2010
Ni se cumple sentencia por “Campo algodonero”, ni se erradica violencia
El Estado no acata lo sustantivo contra feminicidio: abogada
Por Gladis Torres Ruiz
México, DF 15 oct. 10 (CIMAC).- A pesar de que la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH), por el feminicidio de “Campo Algodonero” en Ciudad Juárez, ratifica y confirma diagnósticos realizados por diversas agencias, el Estado sigue siendo omiso ante el flagelo mientras el número de mexicanas asesinadas cada día va en aumento, afirmó la abogada Andrea Medina Rosas.
En entrevista con Cimacnoticias, quien fue una de las abogadas del caso conocido como “Campo Algodonero”, señaló que el Estado mexicano, no sólo no ha cumplido, y ha sido omiso con la sentencia, tampoco ha tomado acciones para erradicar la violencia contra las mujeres.
“Tenemos registrados casos de éste año, y del año pasado, que tienen los mismos elementos de impunidad que el de la sentencia referida o algunos aún más graves”, dijo.
Explicó, que la Corte dicta elementos que determinan las características que constituyen la violencia sistemática contra las mujeres y aclara su gravedad, ratifica y confirma diagnósticos, recomendaciones e informes, que ya antes habían realizado otras instancias como la propia Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Organización de las Naciones Unidas para tomar acciones en la materia.
La abogada reiteró que por parte del Estado mexicano hay omisión, incumplimiento y simulación, respecto de todos los casos de feminicidio, “las políticas en la materia no se han implementado y entonces sigue habiendo mujeres desaparecidas en números mucho más altos que lo que se tenían antes”.
Este es un indicador esencial del cumplimiento de la sentencia, toda vez que, una vez emitida debían de haberse tomado acciones para que no estuvieran repitiéndose casos similares, y lo peor es que tenemos casos que tienen los mismos elementos que vienen en el caso de Campo Algodonero o algunos aún más graves y lo peor se siguen repitiendo, enfatizó.
Entonces, agregó Medina Rosas, el Estado no sólo no ha cumplido respecto a la sentencia, sino que además ha mantenido la simulación que ha mantenido a lo largo de éste, y todos los otros casos.
“Hay mujeres asesinadas y una gran impunidad, lo grave es que ahora también se están incrementado las amenazas contra las y los familiares y defensoras de estos casos”.
Al ser interrogada sobre cuántos resolutivos se han cumplido de la sentencia emitida por 3 de los 8 casos de “Campo Algodonero”, que son: el de Laura Berenice Ramos Monárrez de 17 años, Claudia Ivette González de 20 años y de Esmeralda Herrera Monreal de 14 años, afirmó que hasta el momento sólo se ha cumplido con la publicación de la misma en diferentes medios de comunicación y la página Web de instancias gubernamentales.
“Es decir, el Estado cubre la parte de la publicación, que es la más visible y formal, luego dice vamos cumpliendo y en realidad todo lo sustantivo no se cumple, y eso es lo que nosotras seguimos nombrando como una simulación”. Lo han hecho también con las otras sentencias, cubren la parte de la publicación que es la más visible, y en realidad todo lo sustantivo no se cumple.
A UN AÑO, LA LUCHA SIGUE
El 10 de diciembre de 2009, la CoIDH publicó la sentencia que condena al Estado mexicano por no prevenir, investigar, ni actuar con celeridad para erradicar la violencia contra las mujeres en Ciudad Juárez. A casi un año, lo que sigue es que el Estado mexicano presente ante la Corte un informe de lo que ha hecho, dijo la también feminista.
“Con dicho informe, la Corte evaluará si México ha avanzado o no en el cumplimiento de la sentencia, para eso va a realizar una audiencia que podría ser en diciembre o enero, en la cual las organizaciones convocantes darán su versión y a su vez entregarán un informe sobre el cumplimiento o no de la sentencia”.
A un año de la sentencia, las organizaciones haremos más presión pública, ya que éste primer año era el margen; “ahora viene una exigencia más fuerte por parte de nosotras. A nivel nacional tiene que empezar un movimiento para exigir y hacer un seguimiento mucho más puntual de la condena”, aseveró.
Estamos trabajando para unir esfuerzos entre organizaciones, hasta el momento se han emitido tres sentencias contra el Estado mexicano por lo que esperamos unificarnos para que lo que vaya funcionando para una, lo haga para las otras y esperamos que la simulación no sea una línea a seguir.
“Lo que si queremos que sea una línea a seguir, son las alianzas y los pactos que se van haciendo en todo el país, para exigir el cumplimiento de la sentencia”, finalizó Andrea Medina.
10/GTR/LR/LGL
lunes, 1 de noviembre de 2010
En Ciudad Juárez, 10 feminicidios en 60 horas; suman ya 272 en lo que va del año
Casos de desaparecidas, en el olvido; ahora todo se atribuye a cárteles: deudos de víctimas
Acusan a las corporaciones policiacas de mentir para no llevar a cabo investigaciones
Rubén Villalpando
Ciudad Juárez, Chih., 31 de octubre. Con los asesinatos de 10 mujeres en las últimas 60 horas, entre ellos los de tres empleadas de una maquiladora ubicada en Valle de Juárez, la cifra de “víctimas de género” en esta localidad fronteriza llegó a 274, número que representa casi 10 por ciento de los homicidios reportados este 2010 y casi la mitad de los cometidos en octubre.
Al analizar el tema de los feminicidios durante el foro Contra la violencia y la militarización, que realizan organizaciones de la sociedad civil en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, las madres de tres víctimas advirtieron que “la violencia generalizada en la ciudad y el estado ha hecho que estos casos pierdan visibilidad”.
Según Marisela Escobedo, madre de Rubí, “también hay problemas para que la gente reconozca como feminicidios muchos casos de mujeres baleadas, cuyos cadáveres aparecen semidesnudos”.
Ante decenas de estudiantes, docentes y activistas, indicó: “A dicho escenario se añade la complicidad de las corporaciones policiacas para que sigan cometiéndose asesinatos de mujeres, pues mienten para no investigar o las indagatorias efectuadas han sido deficientes”.
Los asistentes al acto, llevado a cabo en el campus universitario, exigieron la presentación con vida de más de 90 mujeres desaparecidas en tres años. Una de ellas es la estudiante Mónica Janeth Alanís, de 19 años, quien desapareció al salir de su plantel.
Durante la presentación de testimomios, Marisela Ortega expuso que a su hija la mataron y apareció semiquemada en un basurero. Bertha Alicia Ruiz y Norma Lagunas dijeron que sus hijas desaparecieron en 2009 y 2010, pero sus casos –como la mayoría de los feminicidios– no son investigados.
“Ahora todo está enfocado a la violencia que domina Ciudad Juárez. Se atribuyen todos los asesinatos al crimen organizado y las desapariciones prácticamente no son tomadas en cuenta”, denunciaron los participantes.
Desde 1993 ha habido al menos 949 asesinatos de mujeres. Entre los casos más recientes destacan los de tres obreras, quienes fueron ultimadas en el poblado Caseta, Valle de Juárez. Se trata de María del Rosario Luna, de 38 años de edad; Rosalía Esther Vázquez Holguín, de 24, y Rosa Escajeda Galindo, de 23. Entre las víctimas de este año hay policías, madres de familia, embarazadas, estudiantes y niñas, enfatizaron.
Finalmente se abordó el caso de una joven levantada y baleada, cuyo cuerpo, semidesnudo, fue arrojado a una barranca y hallado hace 36 horas. Pero al estar en calidad de desconocida, la única expectativa es que sea inhumada en la fosa común y que el hecho no se esclarezca nunca.
domingo, 24 de octubre de 2010
La matanza de mujeres en Juárez
Carlos Murillo González
Investigador y Analista político
El feminicidio, concepto mundialmente conocido e inspirado por los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, está llegando a niveles insólitos de crecimiento, como indican las estadísticas. Las actuales condiciones de inseguridad y anomia permiten un genocidio sin precedentes donde se asesina por igual y cotidianamente a hombres, mujeres, niños(as), jóvenes, ancianos(as) y no se ve para cuándo acabe esta masacre.
En las condiciones de criminalización de la sociedad juarense por el estigma federal de “combate” a los cárteles de la droga (donde el estado y principalmente Juárez son sinónimo de “tierra de narcos”) no podemos aspirar ni esperar mucho del Estado mexicano, más interesado en maquillar cifras minimizando su fracasada misión en sus tres niveles de gobierno (federal, estatal y municipal) que en combatir la violencia, particularmente hacia las mujeres, pues poco comprometidos se han visto a pesar de la presión mundial y exigencias como el de la resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el caso de las asesinadas en el campo algodonero.
El caso del feminicidio es emblemático porque lejos de desaparecer el fenómeno en Juárez, se incrementa desde que inicia la tristemente famosa “guerra” contra las drogas emprendida por el gobierno federal de manera unilateral e irresponsable.
En las últimas semanas a partir de septiembre, los medios de información hacen saber de ejecuciones de mujeres prácticamente todos los días y con particular saña. Uno de los últimos casos, el de la mujer secuestrada, videograbada y luego aparecida muerta, es una señal inequívoca de una dialéctica negativa y dañina en cuestión de género: en vez de mejorar la condición de la mujer, se deplora en el ámbito de la anomia incrementando el genocidio sin distinción de sexo.
No se trata de poner el tema de las mujeres por encima de otros igual de urgentes (de hecho la ciudad vive una situación de emergencia no reconocida) pero llama la atención el perjuicio total hacia la mujer, de por si desprotegida y vulnerable en una sociedad machista y patriarcal, más en las condiciones actuales.
La misma “guerra” está llevando la vida cotidiana juarense a niveles inadmisibles de gobernabilidad, pues no hay instituciones que respondan a los cada vez mayores reclamos de paz y armonía que exige la sociedad.
Llama la atención en esta nueva etapa del feminicidio, los motivos por los cuales se les está matando: por sus vínculos con el narco y/o el crimen organizado; para secuestrarlas y cobrar rescate o simplemente robarlas; por vendettas y rivalidades; por “limpieza social”. Además se debe agregar el incremento de asaltos, extorsiones y demás delitos que acosan a la sociedad juarense en general y a la mujer en particular. No es una situación fácil y por conocimiento de causa, no es posible esperar mucho de los nuevos gobiernos municipal y estatal; del federal sólo se espera más anomia.
Las nuevas circunstancias de inseguridad y crisis económica están cambiando nuestros hábitos cotidianos y costumbres. Por esta razón las mujeres han tenido que ceñirse y enfrentar el porvenir oscuro en que el estamos parados: mujeres policías, sicarias, extorsionadoras, choferes, agentes de tránsito, son los nuevos roles, mientras se incrementan los de masajistas, prostitutas, traficantes, viudas y huérfanas. Es doloroso constatar además la situación de empobrecimiento, desempleo, depresión y miedo que ambientan la ciudad y donde las mujeres se encuentran tanto y más desamparadas que los hombres.
La situación parece insostenible y sin embargo la ciudad sigue su marcha. El miedo y la enajenación no son todavía lo suficientemente “alarmantes” para lograr la cohesión social necesaria que pueda poner fin a tanta desgracia, lo cual festejan estos gobiernos que no gobiernan ni dan resultados, ni se comprometen a nada (verdaderos “ni-nis”).
De hecho el Estado mexicano es tan responsable de este genocidio (casi siete mil asesinatos tan sólo en Ciudad Juárez desde el 2008) como quienes se dedican específicamente a ello. La “guerra contra el narcotráfico”, además de ficticia, es una guerra perdida que sólo está debilitando al gobierno, arriesgando a la población y destruyendo la economía.
COLOFÓN DIALÉCTICO
El 19 de octubre por propuesta de la Organización Mundial de la Salud, se celebra mundialmente el Día internacional de la lucha contra el cáncer de mama. Desde el 2006 es la primera causa de muerte de mujeres mayores de 25 años en México, según datos de la Secretaría de Salud aunque de acuerdo al diario Milenio (Milenio semanal del 9 /5/10) en el 2010 la violencia intrafamiliar es ya la primera causa de muerte de mujeres en México.
De seguir las cosas como van para el 2011 ó 12 el asesinato será la primera causa de muerte femenina en México, como de seguro ya lo es o está cerca de serlo en Ciudad Juárez.
lunes, 11 de octubre de 2010
En 2009, mil 700 feminicidios; sólo en Edomex, 309 casos
Al solicitar datos a la PGR, respondió que sólo tiene registradas 350 averiguaciones.
Ciudad de México.- El Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio informó que de acuerdo con reportes de todas las procuradurías estatales, más de mil 700 mujeres fueron asesinadas en 2009 y el Estado de México encabeza la lista con 309 casos.
La organización recabó el número de averiguaciones previas iniciadas en cada entidad a través de solicitudes de información y lo mismo hizo con la Procuraduría General de la República, pero ésta respondió que sólo tiene registradas 350, apenas 20 por ciento del total, lo que pone en evidencia “el problema de la falta de coordinación” entre los estados y la Federación y el desdén para afrontar la problemática de las agresiones contra las mujeres, aseguró María de la Luz Estrada Mendoza, coordinadora del Observatorio.
En Chihuahua, señalado como emblemático por los feminicidios en Ciudad Juárez, la procuraduría estatal registró 245 muertes, le sigue Sinaloa con 125; Quintana Roo, 204, y Tamaulipas, 103. El Distrito Federal, Jalisco y Sonora tienen más de 80 casos, mientras que la procuraduría de Veracruz se ha negado a transparentar la información.
De acuerdo con la PGR, de las más de 300 averiguaciones, en siete de cada 10 casos no encuentra ni encarcela a los responsables, pues en 254 expedientes se determinó incompetencia, no ejercicio de la acción penal y reserva, y sólo 21 detenidos.
Datos de la PGR
El Observatorio pidió a la PGR el número de averiguaciones previas por homicidio doloso en 2009 y los primeros cinco meses de este año, solicitando además la edad, ocupación, nivel socioeconómico y estado civil de la víctima; actos violentos anteriores, causa de la muerte, motivos del asesinato, relación con el victimario, estatus legal del caso y situación legal del inculpado.
En la respuesta por medio del IFAI, la dependencia sólo entregó un listado con 350 averiguaciones por lesiones, homicidio y violaciones graves, pero sin especificar el número de casos. En la estadística, el DF registra el mayor número de agresiones con 66, seguido de Chihuahua con 47, Edomex, 25, y Jalisco, 24, lo que resulta “irrisorio”.
El director de Asuntos Jurídicos de la PGR, Juan Mnuel Álvarez, contestó que el Sistema de Institucional de Información Estadística sólo cuenta con la “desagregación de los delitos de homicidios por culpas graves a partir de agosto de 2009”, pero “no cuenta con la variable de víctimas, por lo que no puede proporcionar información en los términos solicitados”.
Estrada Mendoza aseguró a MILENIO que esto demuestra que la PGR no tiene la información sistematizada y, peor aún, son datos que debe contener cualquier averiguación previa, y si existe seguimiento del caso, también sería muy fácil informar el estatus legal. “Si no tienen un mínimo diagnóstico, ¿cómo van a resolver la violencia?”, cuestionó la activista.
El Observatorio interpuso un recurso de revisión ante el IFAI y el miércoles pasado el pleno determinó, por unanimidad, obligar a la PGR a entregar todos los datos requeridos porque “tiene la obligación legal de hacer estadísticas y no ha cumplido con ella”, sustentó la comisionada María Marván.
Registro de la ONU
El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de la ONU señaló en 2005 que en México no existían registros claros sobre las agresiones contra las mujeres.
En respuesta, la Fiscalía Especial para los Delitos contra las Mujeres y Trata de Personas señaló que se registró sólo un caso de homicidio doloso en los últimos 17 meses.
Nayeli Roldán
domingo, 3 de octubre de 2010
Feminicidios en Ciudad Juárez, cerca de la verdad
Autor: Santiago Gallur
Desde 1993, en número que no ha podido precisarse, cientos de mujeres han sido encontradas muertas en Ciudad Juárez, Chihuahua, México. Todas han presentado claros signos de violación y tortura. Curiosamente, algunos de los cadáveres tienen características y signos que recuerdan hechos protagonizados por militares que, en ciertos casos, trabajaron para el crimen organizado en décadas pasadas. Para entender estos sucesos, es necesario remontarse a la década de 1970, en plena Guerra Fría, cuando bajo presión y tutela del gobierno de Estados Unidos se creó en México un grupo formado por policías federales encargado de la represión política contra civiles sospechosos de ser comunistas: la Brigada Blanca. Sus cometidos eran fundamentalmente el espionaje, el secuestro y la tortura de civiles disidentes (Washington, Cosecha de mujeres, páginas 119, 120).
Santiago Gallur Santorum* / Primera de seis partes
A pesar de la relativa distancia temporal de esos sucesos, un gran número de personajes protagonistas de aquellos años vuelve a adquirir relevancia. El que fuera titular de la Dirección Federal de Seguridad, Miguel Nazar Haro (también fundador de la Brigada Blanca; según varios testigos, torturó a algunas víctimas) nunca pagó sus culpas. A pesar de que hubo varios intentos de arrestos, Nazar Haro logró evadirlos gracias a que una agencia de inteligencia estadunidense intervino a su favor con el argumento de que les había proporcionado información muy útil en el pasado. Según fuentes de la Oficina Federal de Investigación (FBI, por siglas en inglés), el mismo Rafael Aguilar Guajardo, expolicía judicial fundador del cártel de Juárez –del que fue jefe hasta principios de la década de 1990– formó parte de la Brigada Blanca. José Refugio Ruvalcaba, excomandante de la Policía Judicial del Estado y conocido de las agencias policiales estadunidenses, también perteneció a esta Brigada. La policía federal de Estados Unidos acusó formalmente a Vicente Carrillo Fuentes de haberlo asesinado (Washington, Cosecha de mujeres, páginas 119, 120).
Torturas y violaciones masivas
La Brigada Blanca estaba vinculada a la Dirección Federal de Seguridad, integrada por policías y soldados que actuaban bajo sus órdenes, que ejercía represión principalmente durante los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo. Los sobrevivientes de esta Guerra Sucia en todo el país afirman que eran llevados a cárceles clandestinas y cuarteles militares en los que se utilizaban, entre otras formas de tortura, las violaciones masivas de mujeres.
Según la FBI, las investigaciones realizadas les permitieron documentar la muerte de 600 personas entre las décadas de 1970 y 1980, en las que estuvo involucrado el Ejército. A raíz de estas investigaciones, salió a la luz que generales como Mario Arturo Acosta Chaparro y Francisco Quiroz Hermosillo fueron reclutas cuando participaron en ese convulso momento político. Además, según un informe de derechos humanos del Departamento de Estado estadunidense, ambos generales “estaban implicados en las muertes y desapariciones de 143 personas durante la época de 1970”. Se llega a afirmar que Acosta Chaparro encabezó una unidad de la Brigada Blanca y que se graduó en la Escuela de las Américas de Estados Unidos, donde fue adiestrado en tortura, que aplicó contra civiles en México (Human Rights Watch).
Militares corruptos y sicarios
Estos mismos generales fueron acusados en 2001 de proteger al cártel de Juárez. En 2002, el excapitán del Ejército Gustavo Tarín sostuvo, en una entrevista realizada por las autoridades en El Paso, que el general Quiroz había autorizado el uso de aviones militares durante la década de 1970 para el transporte de presos políticos y drogas. Tarín afirmó que, durante esos viajes, los disidentes políticos eran aventados desde helicópteros, método también utilizado en la década de 1990 por el cártel de Juárez para deshacerse de sus enemigos. Además, durante el gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988), la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) entrenó a un equipo militar de elite para formar una unidad de inteligencia, que se encargaría de rastrear y localizar a los jefes de los cárteles de la droga y diseñar estrategias para desmantelar esas organizaciones. Una década después, el ejército estadunidense elaboró un programa para entrenar y equipar “tropas de choque antinarcóticos”: los Grupos Aeromóviles de Fuerzas Especiales (Gafes). La misión era la misma: encontrar y detener a los narcotraficantes en todo el país, pero sobre todo en Jalisco y la frontera México-Estados Unidos (Coletta, Drugs and Democracy, página 277).
Según el general Jesús Gutiérrez Rebollo, a éstos se les conocían como los Rambos y “tienen carta blanca para realizar todo tipo de actividades secretas y por toda la geografía nacional […] yo firmaba sus cheques y nunca les vi la cara” (Loret de Mola, Confidencias peligrosas, páginas 63-64). El problema vino cuando algunos de esos militares de elite desertaron y empezaron a trabajar para el narcotráfico. Como caso paradigmático, destacan Los Zetas (Dávila, Narcocumbre en Sinaloa) que trabajaron para Osiel Cárdenas, mientras fue jefe del cártel del Golfo, y que posteriormente llegaron a ser aliados de Vicente Carrillo Fuentes en el cártel de Juárez (Washington, Cosecha de mujeres, páginas 172, 176).
Policías violadores
El tema empieza a complicarse si nos remontamos a finales de la década de 1980. Entonces, con los Gafes ya creados por la CIA, se empezaron a producir numerosas violaciones en las que estaban implicados agentes federales del destacamento del subprocurador General de la República, Javier Coello Trejo. El 2 de abril de 1990, la revista Proceso publicaba unas declaraciones del fiscal especial de la ciudad de México, René González de la Vega, donde afirmaba: “Los líderes de esta banda de policías violadores son el sobrino y otro pariente de Coello Trejo, ambos nombrados agentes federales”.
Los policías federales montaban guardia en el exterior de centros nocturnos del Sur de la ciudad. Esperaban la salida de las parejas y, después de escoger a una, con más de dos vehículos, la seguían, le ordenaban el alto y dirigían el vehículo a un sitio alejado. Los agentes se turnaban para violar a la mujer, incluso a veces obligaban a su pareja a presenciarlo. Así cometieron unas 50 violaciones. Sólo una pequeña parte de las denuncias llegó a los tribunales. De los ocho sospechosos, sólo cuatro fueron hallados culpables, mientras que el resto fue puesto en libertad (Loret de Mola, Confidencias peligrosas, páginas 63-64).
En las décadas de 1980 y 1990, empezaron a proliferar en México las mafias policiales que empezaban a colaborar con los distintos cárteles. Las violaciones en grupo se convierten entonces en una especie de rito de iniciación dentro de grupos de policías que colaboran con estas mafias, tanto en el contrabando de drogas y armamento, como en el tráfico de mujeres y niños (que sigue dándose de forma masiva). Incluso, un oficial de inteligencia militar estadunidense llegó a confirmar, después de analizar los informes de los asesinatos en la frontera México-Estados Unidos, la existencia de redes de policías mexicanos que utilizaban las violaciones y otros tipos de violencia para iniciar a los nuevos miembros en esas fraternidades cómplices del crimen organizado. El participar en ese tipo de ataques delante de sus compañeros era suficiente para garantizar su silencio. Pero la evidencia definitiva del vínculo entre los cárteles y el Ejército Mexicano se dio en el juicio en Estados Unidos, en 2001, contra Juan García Ábrego, líder del cártel del Golfo. Uno de los testigos afirmó que Javier Coello Trejo (subprocurador de la República para el que trabajaban los policías violadores en la década de 1990) recibía 1.5 millones de dólares cada mes de este cártel (Loret de Mola, Confidencias peligrosas, páginas 63-64).
La Línea
En 1993, cuando se empiezan a registrar los primeros cadáveres de mujeres brutalmente asesinadas en Ciudad Juárez, Rafael Aguilar Guajardo (hasta ese momento, jefe del cártel de Juárez) intenta pactar con la administración antidrogas estadunidense, y después de romper su asociación con Amado Carrillo Fuentes, es asesinado a mediados de abril en Cancún. A partir de ese momento, Amado, el Señor de los Cielos, se convierte en el jefe del cártel. Se puede decir que es ahí cuando comienza el verdadero cártel de Juárez, con el poder por el que hoy lo conocemos (Ravelo, Los capos, páginas 146-152).
El cambio de líder supuso una nueva forma de narcotraficar, ya que Carrillo Fuentes compraría a todos, desde políticos hasta policías, pasando por los jefes de las bandas callejeras. Esto suponía lealtad ciega al cártel, ya que cualquier intento de abandono o traición sería castigado (Fernández, La ciudad de las muertas, página 123). Así, en el centro del propio cártel se creó otra organización, otro especie de cártel: La Línea, una agrupación formada por policías municipales, agentes de la Policía Judicial, sicarios y pequeños delincuentes. Esta organización –similar al grupo de policías violadores que actuaba, en la década de 1990, en el Distrito Federal, vinculado a Coello Trejo– tuvo su antecedente, en Ciudad Juárez, en la misma época con Los Arbolitos. Este grupo estaba formado por expolicías federales, exagentes de la Policía Judicial y militares con base en el estado de Chihuahua que, siendo financiados por el cártel de Juárez, tenían que encargarse de eliminar a los adversarios de los Carrillo Fuentes. Su estructura y forma de actuación estaba clara: 40 hombres armados que realizaban detenciones ilegales, torturas y ejecuciones (Monsiváis, Viento rojo, páginas 20-80).
Siguiendo un esquema muy parecido, se creó La Línea. Su misión principal es la de proporcionar seguridad a la logística del cártel de Juárez, además de proteger, a través de financiación, los picaderos (pequeñas “tiendas” clandestinas de venta de cocaína y marihuana). También se encargarían del cobro de deudas, así como de secuestros, asesinatos e incluso de encubrir delitos de los narcos. Según fuentes de la Procuraduría General de la República, el comandante Miguel Ángel Loya Gallegos sería el jefe de esta organización, además del chofer preferido de Vicente Carrillo Fuentes (Fernández, La ciudad de las muertas, páginas 132-134). Es más, según el subprocurador federal, José Luis Santiago Vasconcelos (ya fallecido), “los asesinos [de mujeres] han sido incluso identificados por la Policía Judicial Estatal: varios distribuidores de droga. Pero como estaban vinculados al cártel de Juárez, los policías locales han frenado en seco la investigación”. Como ejemplo, destaca lo sucedido en marzo de 2003 cuando los propios policías de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada se dirigieron a Ciudad Juárez para investigar. Según el propio Vasconcelos, “buscaban asesinos a sueldo del cártel, pero no encontraron nada. Ningún indicio, ninguna indicación y nada de pruebas. Durante semanas, no consiguieron nada, y con razón: ¡descubrieron que los matones a sueldo eran los propios policías! (policías municipales y agentes de la Policía Judicial del estado)”.
Sin embargo, esta información debe matizarse, pues, según fuentes federales, los asesinatos de mujeres no serían obra de los capos del cártel, sino de sicarios, “soldados” o revendedores, ya que los grandes capos no están interesados en llamar la atención. Es más, para Vasconcelos, el objetivo de La Línea es el de velar por los intereses del cártel, no el de encubrir el feminicidio, aunque ahora tienen que “impedir que los verdaderos asesinos sean molestados” (Fernández, La ciudad de las muertas, página 126).
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Fuentes: Washington Valdez, Diana, Cosecha de mujeres: safari en el desierto mexicano. Toda la verdad sobre los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez y Chihuahua. México, DF, Océano, 2005.
“México: Don’t Use Military Justice for ‘Dirty War’”, Human Rights News, Human Right Watch, 30 de septiembre de 2002.
Freeman, Laurie y José Luis Sierra, “Mexico: The Militarization Trap” en Coletta Youngers y Eileen Rosin (coord.) Drugs and democracy in Latin America. The Impact of U S. Policy. Washington, Lynne Reiner, 2005.
Loret de Mola, Rafael, Confidencias peligrosas. México, DF, Océano, 2002, 63-64.
Dávila, Patricia, “Narcocumbre en Sinaloa: frágil tregua”. Proceso, número 1682, 2009, p. 7.
“Los poderosos comandantes de Coello Trejo en Chihuahua”. La Crónica de Hoy, 2001.
Ravelo, Ricardo, Los Capos. Las narco-rutas de México. México, DF, DeBolsillo, 2008, 146-152.
Fernández, Marcos y Jean-Christophe Rampal, La ciudad de las muertas: la tragedia de Ciudad Juárez. México, DF, Debate, 2008, 123.
Monsiváis, Carlos et al. Viento Rojo. Diez historias del narco en México. México, DF, Plaza y Janés, 2004.
*Doctorante en historia contemporánea por la Universidad de Santiago de Compostela, España
martes, 28 de septiembre de 2010
Teatro: Lomas de Poleo
DIRECCION: ALONDRA HERNÁNDEZ MORENO
LUGAR: INSTITUTO DE BELLAS ARTES
FECHA: 2 Y 3 DE OCTUBRE DEL 2010
HORA: 6 Y 8 PM.
COSTO: 25 Y 5O
Matan más mujeres en septiembre que en ningún otro mes de la historia de Cd. Juárez
Con los asesinatos de dos mujeres ocurridos ayer en la ciudad, Juárez impuso un nuevo récord criminal al registrar 43 homicidios dolosos en septiembre, cifra que desplazó a agosto que cerró con 41, por lo que se convirtió en el mes más violento del año y de la historia en esta frontera para el sexo femenino.
Con estos casos suman 901 asesinatos dolosos de mujeres desde que empezó a documentarse este delito 17 años atrás.
Estos homicidios han provocado una inusual respuesta del crimen organizado, al ser privados de la vida y desmembrados dos hombres en menos de 48 horas y en sus restos colocar leyendas en las que sus ejecutores explican que se les asesinó “por matar mujeres inocentes”.
Los cuerpos destazados fueron esparcidos en la vía pública y los mensajes colocados de tal forma que pudieran ser vistos.
Hasta el cierre de esta edición la Procuraduría General de Justicia del Estado no emitía una postura ante esta escalada de agresiones contra el género femenino.
Y a escasos días de que concluya la presente administración estatal, la procuradora Patricia González Rodríguez no explica por qué a pesar de contar con una Fiscalía Especial de Investigación de Homicidios de Mujeres, el mayor porcentaje de los casos fueron delegados a la Unidad Especializada en Investigación de Delitos contra la Vida, que está sobresaturada de trabajo.
Fuente de información, Redacción EMET con información de AFP
lunes, 27 de septiembre de 2010
Se triplican feminicidios en 2010
En lo que va del año desde enero a septiembre, 292 mujeres han sido asesinadas de manera violenta
En lo que va del año desde enero a septiembre, 292 mujeres han sido asesinadas de manera violenta, según datos brindados en la página web del Observatorio de Justicia para Nuestras Hijas.
Las féminas han experimentado un protagonismo cada vez mayor en el marco del crimen, como actoras y como víctimas. De estos 292 crímenes 191 se han efectuado en la ciudad fronteriza de Juárez, los demás han ocurrido en las ciudades de Chihuahua, Jiménez, Delicias y Cuauhtémoc.
En un conteo extraoficial de los homicidios de mujeres, sin ser catalogados como crímenes de odio en contra de féminas, que se han dado a saber por medios de comunicación, se registran 32 asesinatos en lo que va del mes de septiembre.
Según datos de la Procuraduría General de Justicia del Estado, son 177 y no 191 mujeres las que han perdido la vida de manera violenta en la frontera.
También dio a conocer que en un lapso similar pero del 2009, la alarmante cantidad no pasaba de 76 feminicidios, de manera que se han duplicado –casi triplicado- al igual que otras expresiones de violencia en la frontera, según informes de la Subprocuraduría de Justicia Zona Norte e informes periodísticos.
En septiembre del 2009, se contabilizaban 76 homicidios contra mujeres como parte del recuento anual, sin embargo en el 2010 la estadística indica que al mismo mes ya se habían registrado más del doble de feminicidios en la frontera.
Jamás en la historia de Chihuahua se había tenido una racha de semejante violencia en contra del sexo femenino, sin embargo se teme que en el futuro pudiera intensificarse aún más este fenómeno, pues esa es la tendencia.
Según reportes de la propia Procuraduría General de Justicia del Estado (Pgje), las mujeres tienen una participación cada vez más protagónica en las actividades criminales, tal como lo señaló el gobernador, José Reyes Baeza al decir que si bien han perdido la vida mujeres inocentes, totalmente ajenas a actividades criminales, también han sido asesinadas al involucrarse con organizaciones criminales; “no sólo de cuarto o tercer rango, sino hasta en primer nivel de la organización, ha habido crímenes contra mujeres que operaban grupos de sicarios y secuestradores”.
En lo que va del año desde enero a septiembre, 292 mujeres han sido asesinadas de manera violenta, según datos brindados en la página web del Observatorio de Justicia para Nuestras Hijas.
Las féminas han experimentado un protagonismo cada vez mayor en el marco del crimen, como actoras y como víctimas. De estos 292 crímenes 191 se han efectuado en la ciudad fronteriza de Juárez, los demás han ocurrido en las ciudades de Chihuahua, Jiménez, Delicias y Cuauhtémoc.
En un conteo extraoficial de los homicidios de mujeres, sin ser catalogados como crímenes de odio en contra de féminas, que se han dado a saber por medios de comunicación, se registran 32 asesinatos en lo que va del mes de septiembre.
Según datos de la Procuraduría General de Justicia del Estado, son 177 y no 191 mujeres las que han perdido la vida de manera violenta en la frontera.
También dio a conocer que en un lapso similar pero del 2009, la alarmante cantidad no pasaba de 76 feminicidios, de manera que se han duplicado –casi triplicado- al igual que otras expresiones de violencia en la frontera, según informes de la Subprocuraduría de Justicia Zona Norte e informes periodísticos.
En septiembre del 2009, se contabilizaban 76 homicidios contra mujeres como parte del recuento anual, sin embargo en el 2010 la estadística indica que al mismo mes ya se habían registrado más del doble de feminicidios en la frontera.
Jamás en la historia de Chihuahua se había tenido una racha de semejante violencia en contra del sexo femenino, sin embargo se teme que en el futuro pudiera intensificarse aún más este fenómeno, pues esa es la tendencia.
Según reportes de la propia Procuraduría General de Justicia del Estado (Pgje), las mujeres tienen una participación cada vez más protagónica en las actividades criminales, tal como lo señaló el gobernador, José Reyes Baeza al decir que si bien han perdido la vida mujeres inocentes, totalmente ajenas a actividades criminales, también han sido asesinadas al involucrarse con organizaciones criminales; “no sólo de cuarto o tercer rango, sino hasta en primer nivel de la organización, ha habido crímenes contra mujeres que operaban grupos de sicarios y secuestradores”.
Seguridad a la baja y feminicidios a la alza
Cd. Juárez, Chih. (Especial).- En tan sólo un año los asesinatos contra las mujeres en ciudad Juárez han ido en un aumento constante, doblando la cantidad del 2009 a la fecha, en donde hasta septiembre de este año son 177 las mujeres privadas de la vida, según reportes de la Subprocuraduría de Justicia Zona Norte e informes periodísticos.
En relación al año pasado y comparando las cifras actuales, en el 2009 fueron hasta septiembre de ese año fue de 76 , ahora son 177 y hasta el mismo mes marcado, por lo que la cantidad se ha duplicado en un número considerable.
La cifra de sangre culminó en 163, ya superada por los feminicidios de este 2010, el año más violento en la historia de la región fronteriza y del estado de Chihuahua en general por la ola de criminalidad.
Cabe resaltar que de los 177 feminicidios, 17 corresponden al Valle de Juárez, mientras que 160 han sido perpetrados en la ciudad fronteriza, sin embargo esto demuestra que la seguridad en la ciudad no ha sido aplicada de un modo efectivo.
Asimismo ante la criminalidad registrada, queda mencionar que también la participación de las féminas en los grupos delictivos ha ido en aumento, esto cuando una persona integrante de la Línea delató que desde hace algunos meses mujeres participan en hechos delictivos tal es el caso de asesinatos en la frontera. 27/09/2010
En relación al año pasado y comparando las cifras actuales, en el 2009 fueron hasta septiembre de ese año fue de 76 , ahora son 177 y hasta el mismo mes marcado, por lo que la cantidad se ha duplicado en un número considerable.
La cifra de sangre culminó en 163, ya superada por los feminicidios de este 2010, el año más violento en la historia de la región fronteriza y del estado de Chihuahua en general por la ola de criminalidad.
Cabe resaltar que de los 177 feminicidios, 17 corresponden al Valle de Juárez, mientras que 160 han sido perpetrados en la ciudad fronteriza, sin embargo esto demuestra que la seguridad en la ciudad no ha sido aplicada de un modo efectivo.
Asimismo ante la criminalidad registrada, queda mencionar que también la participación de las féminas en los grupos delictivos ha ido en aumento, esto cuando una persona integrante de la Línea delató que desde hace algunos meses mujeres participan en hechos delictivos tal es el caso de asesinatos en la frontera. 27/09/2010
Femicidios, realidades y tabúes
Susana Merino (especial para ARGENPRESS.info)
No hay duda de que existe una taxativa diferencia entre, por ejemplo, la lapidación de mujeres en algunos países islámicos y la frecuente tortura y muerte de mujeres en Ciudad Juárez (México). La primera está insólitamente amparada por la ley o por el estado mientras que las segundas parecieran estar protegidas más bien por el silencio cómplice de las autoridades civiles y policiales de la región. Sin embargo en el primer caso, imagen mediante, nos sentimos horrorizados por la incalificable crueldad de un castigo que conduce a la muerte y en el otro la fría mención de las cifras aunque el número de mujeres asesinadas sea considerablemente mayor en la frontera del norte mexicano nos deja tal vez asombrados pero casi indiferentes.
Pareciera que la reiteración de tan incalificable fenómeno le otorgara a sus autores una especie de “patente de corso” para el crimen y pareciera también que al entrar en las estadísticas el horror dejara de golpear en la conciencia de la gente. Un asesinato, una muerte próxima, una víctima identificada nos conmueven pero los crímenes masivos no dejan huella y hasta en situaciones bélicas llegan a ser cínicamente calificados y aceptados como “daños colaterales”
Frente a la condena por lapidación de la iraní Sakineh Ashtianí, y de la nigeriana Amina Lawal la sociedad se movilizó y centenares de miles de personas en todo el mundo firmaron cartas en las que pedían, en ambos casos, y consiguieron la anulación del castigo. Un castigo que no está ciertamente ni aprobado ni establecido por el Corán sino que tiene su origen en la tradición judeo-islámica y puede aplicarse también, llegado el caso a los varones. Este tipo de movilizaciones aparentemente teñidas sin embargo de cierto tufillo islamofóbo no encuentran lamentablemente correlato para las múltiples denuncias mexicanas que afectan a un número creciente de mujeres de entre 14 y 25 años.
En Ciudad Juárez al borde de la frontera mexico-usamericana según organizaciones no gubernamentales se han producido más de 350 asesinatos de mujeres y alrededor de 400 desapariciones en la última década que las autoridades por incompetencia o amedrentadas suelen calificar como fruto de la violencia doméstica.
Sin embargo según las investigaciones llevadas a cabo por Amnesty Internacional muchos de los crímenes tienen sus raíces en la discriminación aunque también se manejan otras hipótesis relacionadas con el narcotráfico, la trata, el tráfico de órganos y las películas snuff un género también conocido como white heat o the real thing, en las que se tortura, viola y asesina con el único objetivo de registrar esos hechos con algún medio audiovisual y comercializarlos luego a valores incalculables. Sobre esta última suposición no se han hallado constancias que puedan acreditarla aunque no parece tan disparatado pensar que en nuestra enferma sociedad, no haya individuos que disfruten - intelectual o comercialmente - con este tipo de producciones.
Algunos analistas sostienen también que podría tratarse de macabros rituales celebrados con el objeto de establecer la cohesión entre los miembros de grupos mafiosos y sellar la pertenencia al grupo, por parte de los asesinos, con pactos de sangre.
Según la investigadora Rita Laura Segato, “los feminicidios de Ciudad Juárez no son crímenes comunes de género sino crímenes corporativos y, más específicamente, son crímenes de segundo Estado (…) que administra los recursos, derechos y deberes propios de un Estado paralelo, establecido firmemente en la región y con tentáculos en las cabeceras del país”.
Pero lo más alarmante es que esta lacra ha llegado también al llamado “triángulo de la violencia” Guatemala, El Salvador y Honduras, según la descripción acuñada por Naciones Unidas, que ha alcanzado las más altas tasas de femicidios de la región ya no relacionadas con los conflictos armados, que asolaron a esos países en un no muy lejano pasado. Y podría continuar extendiéndose.
Y si seguimos descendiendo hacia el sur vamos a encontrar que tampoco nuestro país se halla exento de un desmedido incremento de las consecuencias que hasta ahora parecieran limitarse a casos aislados pero cada vez más frecuentes de lo que aquí también se califica como producto de la violencia familiar. Las muertes de mujeres quemadas con alcohol o con bencina en “accidentes domésticos” que curiosamente no suceden en soledad sino ante la (¿impotente?) presencia del marido o compañero, han venido aumentando desde un primer suceso en el que la justicia determinó la imposibilidad de probar la culpabilidad del testigo presencial (en este como en casi todos los casos, el marido) por suceder en el ámbito privado y ser muy difícil establecer si realmente el hecho es atribuible a un accidente o a un asesinato.
Toda esta manifiesta agresividad masculina hacia la mujer no es una consecuencia más de las condiciones de vida contemporánea a las que solemos atribuir los males que nos circundan sino que pareciera arraigar en el más profundo primitivismo humano. Desde el principio de los tiempos privilegiar la muerte ha sido un denominador común de muchas culturas, no de otro modo se entiende la exaltación del héroe, del guerrero, del combatiente encarnando siempre los valores del arrojo, de la audacia, de la valentía, de la virilidad, del coraje, de la intrepidez en función de ¿qué? pues tan solo de la muerte, una función reservada a los hombres de la tribu, del estado, del imperio… en la que solo mitológicamente participaron alguna vez las mujeres o sus equivalentes las nórdicas walkirias o las amazonas griegas, compartiendo, en su condición de diosas, los campos de batalla.
Mientras que la función de dar vida que solo le ha sido conferida a la mujer fue secularmente subestimada y confinada al rutinario ámbito doméstico y su importancia diluida hasta casi desaparecer entre las pedestres tareas cotidianas, de las ollas y las sartenes, los biberones y los cuadernos escolares, producto de una cultura ciertamente elaborada por solo media humanidad. Media humanidad que necesitó construir un imaginario de fuerza, de vigor, de invencibilidad para disimular tal vez la frustrante sensación de esterilidad y de impotencia que debió provocarle al hombre, desde siempre, el misterio de la preñez y del alumbramiento en la mujer, junto a la menoscabante convicción de que es algo a lo que a pesar de su fuerza y de su ingenio jamás podría acceder.
Todo esto parece tener en realidad raíces tan profundas que no solo en nuestra civilización judeo-cristiana encontramos evidencias ciertas y reiteradas de subestimación, de sometimiento, de menosprecio como reacción al temor que genera la mujer al parecer dotada de “poderes” que escapan completamente al arbitrio de los hombres. Los estudios de antropología han demostrado que es habitual en todas las culturas que los hombres experimenten cierto sentimiento de inferioridad, frente a la capacidad procreadora de la mujer, sentimiento que tienden a revertir asumiendo para con ella conductas prepotentes teñidas de menosprecio y humillación. Un temor que también debe haber jugado un importante papel en el ajusticiamiento y condena de las brujas medievales.
Importantes y minuciosos estudios realizados en los códices mayas y aztecas ponen igualmente de relieve que “El hombre, en su función de genitor, brilla por su ausencia. Si el nacimiento por partenogénesis de dioses tan importantes como Quetzalcóatl y Huitzilopochtli no deja de reforzar la importancia de la figura materna puede suscitar también angustias e inquietudes en el seno de una población masculina incapaz de legitimar ahora la primacía del falo y, por lo tanto, de su poder”.
Dice la antropóloga francesa Françoise Héritier que “no es el sexo sino la fecundidad lo que representa la verdadera diferencia entre lo masculino y lo femenino” y agrega Nicolas Balutet “que, en la sociedad azteca, la fecundidad estaba en la base de las angustias del hombre. El rechazo a las mujeres que expresan las creencias y las supersticiones va más allá que el tabú relacionado con los fluidos de las menstruas y del parto.” (La puesta en escena del miedo a la mujer fálica durante las fiestas aztecas” - Contribuciones desde Coatepec, UNAM, México).
De modo que para terminar, pese a los grandes avances logrados por las mujeres en materia de igualdad de derechos en las sociedades contemporáneas es evidente que nos queda aún un largo camino por recorrer para superar y remover tabúes, usos y costumbres y encontrar el modo de integrar nuestras disímiles capacidades, de construir una relación hombre-mujer basada en el reconocimiento y la aceptación de nuestras diferencias, capaz de ahuyentar los fantasmas de un pasado que ha generado y sigue generando tanto dolor y podamos entonar juntos un canto a la vida que es el prodigio más maravilloso con que Dios o la Creación nos han honrado
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Feminicidios del Campo Algodonero
La página "Feminicidios del Campo Algodonero" tiene por misión informar puntualmente sobre las acciones emprendidas por el Estado mexicano para el cabal cumplimiento de la Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos "González y otras (Campo Algodonero)" contra el Estado mexicano, publicada el 10 de diciembre de 2009.
http://www.feminicidios-campoalgodonero.org.mx/
Ciudad Juárez, México. 2008-2010
Ciudad Juárez, México. Más de 10,000 negocios cerrados, más de 100,000 viviendas abandonadas, más de 5,000 homicidios. Estos son los verdaderos logros de esta guerra contra las drogas. Este libro narra la versión de personas honradas que han visto su vida cambiada por pugnas entre grupos delictivos y la falta de tino y decisión de nuestras autoridades para hacerles frente. Un testimonio que ilustra una realidad que persiste, que se repite, que pasa a formar parte de la vida cotidiana.
http://ciudadjuarez2008-2010esp.blogspot.com/
martes, 21 de septiembre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
jueves, 16 de septiembre de 2010
Aumentan homicidios de mujeres en Juárez por su mayor incursión en narco: PGJE
Aunque sólo en septiembre han sido asesinadas 31 féminas, no pueden ser considerados crímenes de misoginia, aseveró la procuradora general de Justicia Estatal, Patricia González Rodríguez.
Rubén Villalpando, corresponsal
Ciudad Juárez, Chih. Se incrementan los homicidios de mujeres en Ciudad Juárez, dado que durante 2010 han matado a 211 mujeres, de las cuales 31 van en septiembre lo que representa dos casos diarios en el mes.
Sobre este tipo de homicidios, la procuradora general de Justicia Estatal, Patricia González Rodríguez, dijo que “estos casos no pueden ser procesados como feminicidios a pesar de que es una cifra alta”.
La funcionaria informa que “los homicidios relacionados con el crimen organizado son investigados como tal, y no como la nueva figura delictiva creada por el congreso del estado de ataque a la mujer, los cuales son conocidos como feminicidios”.
Dijo que “el feminicidio es un crimen de misoginia y de odio contra la figura femenina, los cuales no corresponden a las características de los asesinatos que últimamente han estado ocurriendo en el estado, principalmente en Chihuahua y Ciudad Juárez, donde se vive una intensa lucha entre los cárteles de la droga”.
González Rodríguez señaló que “en efecto, se tiene una mayor incursión de la mujer en el narcotráfico y los asesinatos de éstas serán investigados como tales por la Unidad Especializada en Delitos Contra la Vida”.
De los 211 crímenes de 2010, solamente once son considerados feminicidios y son investigados por la Fiscalía Especial de Homicidios contra Mujeres.
La cifra de 31 homicidios en septiembre se alcanzó cuando “un comando armado ingresó a una vivienda y mató a Norma Delia Ramírez Leyva, de 39 años, y sus hijas de Rosa Aidé y Norma Margarita Barraza Ramírez, de 18 y 14 años, así como al esposo y papá de las niñas”, dio a conocer la Subprocuraduría de Justicia Estatal, Zona Norte.
El martes pasado fueron acribilladas una mujer y sus dos hijas en el interior de su casa, y una adolescente de 14 años que tomó a un bebé en brazos sobrevivió al ataque junto a otros dos niños.
Las víctimas fueron identificadas como Yolanda Ramírez Quiroz, de 45 años, y Brenda y Yuridia Guillén Ramírez, de 25 y 23 años, respectivamente.
Los datos oficiales de la Procuraduría General de Justicia del Estado precisan que van 890 mujeres asesinadas desde 1993, cuando empezaron a documentarse los crímenes contra mujeres, a la fecha.
Del 21 de enero de 1993 al 31 de diciembre de 2007 se tienen registrados 428 homicidios de mujeres, mientras que 2008 hubo 87; en 2009, 164, y de 2010, hasta ayer se habían cometido 211.
En los casos anteriores a 2008, la causa principal de los homicidios era la violencia intrafamiliar y los feminicidios, situación que cambió por la guerra entre bandas de narcotraficantes iniciada en 2008.
martes, 14 de septiembre de 2010
Estado incapaz de garantizar la vida de las mujeres
Violencia feminicida
Por Guadalupe Cruz Jaimes
México, DF 13 sep 10 (CIMAC).- El feminicidio, la forma extrema de violencia en contra de las mujeres, se consuma porque las autoridades omisas, negligentes, o coludidas con agresores ejercen sobre las mujeres violencia institucional, al obstaculizar su acceso a la justicia y con ello contribuir a la impunidad.
Así lo refiere Marcela Lagarde, en el texto Violencia Feminicida en el Estado de México, publicado en 2006, por la Comisión Especial de Feminicidios de la Cámara de Diputados.
De acuerdo con la antropóloga feminista, el feminicidio está conformado por hechos violentos misóginos contra las mujeres, implica la transgresión de sus derechos humanos, atenta contra su seguridad y pone en riesgo su vida.
Culmina en la muerte violenta de algunas mujeres, se consuma cuando las autoridades obstruyen el acceso a la justicia de las mujeres. La mayoría de los crímenes está en la impunidad, asegura Marcela Lagarde.
El feminicidio conlleva la ruptura del Estado de derecho ya que el Estado es incapaz de garantizar la vida de las mujeres, de actuar con legalidad y hacerla respetar, de procurar justicia, prevenir y erradicar la violencia que la ocasiona. El feminicidio es un crimen de Estado.
De 1999 a 2005, fueron asesinadas 6 mil niñas y mujeres en los estados de México, Veracruz, Chiapas, Guerrero, el Distrito Federal, Chihuahua, Oaxaca, Sonora, Baja California y Morelos. Por homicidio doloso o culposo perdieron la vida tres de ellas, cada día.
Las niñas y mujeres asesinadas en México tenían distintas edades, eran jóvenes, adultas, ancianas, adolescentes y niñas. Pertenecían a diversos estratos socioeconómicos, aunque la mayoría eran pobres.
Su nivel de instrucción también variaba, algunas eran estudiantes, otras eran técnicas, universitarias y posgraduadas, pero el grueso de ellas tenía pocos estudios.
La relación que tenían con el agresor era igualmente diversa: desconocidas, cónyuges, parientas, amigas; había solteras, casadas, novias, exnovias, esposas, exesposas, primas, suegras, vecinas, jefas, subordinadas, turistas, transeúntes, prestadoras de servicios, políticas, gobernantes, casi todas mexicanas, algunas de origen indígena y otras extranjeras: norteamericanas, europeas, asiáticas y de Centro y Sudamérica.
A la mayoría las asesinaron en su casa, al resto se desconoce en donde las privaron de su derecho a la vida, pero sus cuerpos fueron hallados en la calle, un baldío, una barranca, en una construcción, en un río o en una casa de secuestro.
Algunas tienen huellas de violencia sexual, todas fueron torturadas, maltratadas, atemorizadas y vivieron humillaciones; fueron golpeadas hasta la muerte, estranguladas, colgadas, acuchilladas. Todas quedaron aisladas y desprotegidas, aterradas, amenazadas, vivieron la más extrema impotencia de indefensión.
10/GCJ/LR
Creció 20% número de feminicidios en la frontera: PGR
Hérika Martínez Prado
En menos de tres años la violencia en Juárez y el Valle de Juárez aumentó en un 20 por ciento el número total de mujeres asesinadas de 1993 al 2007, años en los que se registraron 364 víctimas, a diferencia de las 451 que suman de enero del 2008 a la fecha, según datos de la propia Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE).
Con los asesinatos de cinco mujeres más el pasado fin de semana, datos de la Subprocuraduría de Justicia Zona Norte suman ya 205 mujeres asesinadas en lo que va del año.
Dieciséis mujeres privadas de la vida en enero, nueve en febrero, 28 en marzo, 16 en abril, 17 en mayo, 27 en junio, 25 en julio, 41 en agosto y 24 más hasta la tarde de ayer en septiembre; aunadas a 153 más asesinadas en el 2009; y 83 en el 2008, suman 451 víctimas en Juárez y el Valle de Juárez.
Tales cifras a comparación con las 364 mujeres que fueron encontradas muertas de 1993 al 2007, 14 años en los que Ciudad Juárez cobró fama a nivel mundial por los asesinatos de mujeres, representan un aumento de casi el 20 por ciento.
Según datos de la misma PGJE, de enero de 1993 a octubre del 2004 se tuvo conocimiento de un total de 342 mujeres asesinadas, mientras que de octubre del 2004 a diciembre del 2007 fueron encontrados 22 cuerpos más.
Entre las víctimas de enero a la fecha se encuentran 15 menores, además de cinco mujeres mayores de edad que fueron "encobijadas", y varias más encontradas con el rostro cubierto con cinta adhesiva.
De las más de 200 víctimas de este año, la Fiscalía Especializada en Investigación de Homicidios de Mujeres ha tomado menos de 10 casos a su cargo, ya que los homicidios de la gran mayoría han sido relacionados con la delincuencia organizada.
Para organismos como Casa Amiga Esther Chávez Cano o la Red Mesa de Mujeres no todos los casos podrían tratarse del crimen organizado, sino de violencia de género en el que las propias parejas sentimentales hacen ver el homicidio como si se tratara de una ejecución.
Vladimir Tuexi, vocero de la Subprocuraduría de Justicia Zona Norte, ha comentado al respecto que "las mujeres se dejan manipular por los novios, y es donde los novios les dicen ?vente para acá, vamos a hacer esto, si no no me quieres"; o sea como que antes era de que si me quieres dame la prueba de amor y ahora es si me quieres vente aquí conmigo –a delinquir–".
"Muchas de estas jóvenes siguen haciéndole caso a sus novios o amigos que están involucrados con el crimen organizado, entonces estás personas de alguna manera abusan y las inmiscuyen al grado de que desgraciadamente pierden la vida", comentó el portavoz al respecto.
________
CIFRAS ALARMANTES
–1993 al 2007.– 364 víctimas
–2008 a la fecha.– 451
Tanto en Juárez como en el Valle
–Lo que va del 2010.– 205
Entre ellas, 15 menores
–En 14 años se elevó el porcentaje
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